Historia de un rito

“Hace muchos años, hubo una aldea en la que vivía un rabino. Cada vez que la aldea pasaba por alguna prueba, los integrantes de la comunidad seguían al rabino hasta cierta parte del bosque, se paraban en torno de cierto árbol, cantaban ciertos rezos y realizaban ciertos gestos. Con eso bastaba. Pasaron los años, el rabino murió. Se produjo una hambruna. Los mayores de la aldea se dirigieron al bosque y buscaron el árbol sagrado. No recordaban los gestos, pero cantaron los rezos. Con eso bastó. Pasaron más años, los miembros de la aldea se dispersaron, y un día aconteció una sequía. Ya no quedaban mayores en la aldea. Los jóvenes recordaban la ceremonia. Solo sabían que, en tiempos difíciles, sus mayores se habían internado en el bosque a cantar y realizar gestos sagrados. Buscaron un árbol, cantaron lo poco que recordaron, hicieron los gestos que les salieron. Con eso bastó.”

Cuento jasídico

Gratitud

Gracias aroma
azul,
fogata
encelo.
Gracias pelo
caballo
mandarino.
Gracias pudor
turquesa
embrujo
vela,
llamarada
quietud
azar
delirio.
Gracias a los racimos
a la tarde,
a la sed
al fervor
a las arrugas,
al silencio
a los senos
a la noche,
a la danza
a la lumbre
a la espesura.
Muchas gracias al humo
a los microbios,
al despertar
al cuerno
a la belleza,
a la esponja
a la duda
a la semilla
a la sangre
a los toros
a la siesta.
Gracias por la ebriedad,
por la vagancia,
por el aire
la piel
las alamedas,
por el absurdo de hoy
y de mañana,
desazón
avidez
calma
alegría,
nostalgia
desamor
ceniza
llanto.
Gracias a lo que nace,
a lo que muere,
a las uñas
las alas
las hormigas,
los reflejos
el viento
la rompiente,
el olvido
los granos
la locura.
Muchas gracias gusano.
Gracias huevo.
Gracias fango,
sonido.
Gracias piedra.
Muchas gracias por todo.
Muchas gracias.
Oliverio Girondo,
agradecido.

Oliverio Girondo

Canción crepuscular

Mi querido, qué cosa de todas las cosas que existen
valen un pensamiento tuyo, o mío,
salvo el amor,
salvo el amor?

Los días tan cortos, las noches tan prontas a huir,
el mundo tan ancho, tan hondo y oscuro el mar.
Tan oscuro el mar;

Los soles hasta ahora, y cada lánguida estrella,
más allá de su luz -¡Ah! mi querido, ¿quién sabe cuán lejos,
¿quién sabe cuán lejos?

Una cosa, de todas las débiles cosas que sé por cierto,
el corazón en mi pecho lo sabe, y te lo dice.
Y te lo dice.

Tan ciega es la vida, tan largo el sueño del final,
Y solo el amor para hacernos reír o llorar.
Y solo el amor.
Y solo el amor.

Willa Cather
1873-1047

Hoy, cuando no podía hacer nada

Miriam Pösz

Hoy, cuando no podía hacer nada,
salvé a una hormiga.

Debe haber entrado con el diario de la mañana,
que todavía entregan
a aquellos que estamos guardados.

El diario de la mañana es un servicio esencial.

Yo no soy un servicio esencial.

Tengo café y libros,
y tiempo,
un jardín,
suficiente silencio para llenar cisternas.

Debe haber caminado primero
a través del diario de la mañana, como tinta en movimiento,
que toma la forma de una hormiga.

Después cruzó la computadora –caliente-
después la espalda de un almohadón.

Pequeña hormiga negra, sola,
caminando por el almohadón azul oscuro
moviéndose sin pausa, porque eso es lo que podía hacer.

Entregada afuera, en el sol,
no puede haber encontrado de nuevo su nido.
¿Qué es lo que salvé, entonces?

No se movió como si estuviera asustada,
aun caminando sobre mi mano,
que se movía a través del aire y la velocidad.

Hormiga, sola, sin compañeros,
cuyo corazón de hormiga no puedo adivinar—
¿cómo es tu vida, quería preguntar?

La levanté, la llevé afuera.

En este primer día en el que no podía hacer nada,
contribuir nada,
más allá de mantenerme alejada de mi especie,
hice esto.

Jane Hirschfield

Traducción: Fabiana Fondevila

Miramos con incertidumbre

Miriam Pösz

Miramos con incertidumbre
más allá de las viejas elecciones
y respuestas claras,
hacia un estado vital más suave,
más permeable, que está, a cada momento,
al borde de la muerte.
Porque algo nuevo está naciendo
en nosotros, si lo permitimos.
Estamos parados frente
a un nuevo umbral,
esperando lo que viene…
animándonos a ser criaturas humanas,
vulnerables a la belleza
de la existencia,
Aprendiendo a amar.

Anne Hillman

Traducción: Fabiana Fondevila

La casa de la pertenencia

Esta es la casa brillante
en la que vivimos.
Aquí es donde invitamos
a venir a nuestros amigos.
Aquí es donde queremos amar
todas las cosas que nos costó tanto
aprender a amar.

Este es el templo
de nuestro ser adultos.
Nos debemos a ese Ser
como nos debemos a nuestras vidas

No hay otra casa
como la casa de la pertenencia.

David Whyte
Traducción: Fabiana Fondevila