Acerca de la esperanza

Miriam Pösz

El tipo de esperanza en el que pienso a menudo (especialmente en situaciones especialmente desesperadas, como la cárcel) la entiendo sobre todo como un estado de ánimo, no como un estado del mundo. O tenemos esperanza dentro de nosotros, o no la tenemos. . . La esperanza no es un pronóstico. Es una orientación del espíritu, una orientación del corazón. Trasciende el mundo que se experimenta inmediatamente, y está anclada en algún lugar más allá de sus horizontes. . . . Siento que sus raíces más profundas están en lo trascendental, al igual que las raíces de la responsabilidad humana, aunque por supuesto no puedo -a diferencia de los cristianos, por ejemplo- decir nada sobre lo trascendental. . . .

“La esperanza, en este sentido profundo y poderoso, no es lo mismo que la alegría de que las cosas vayan bien, o la voluntad de invertir en empresas que evidentemente van a tener un éxito temprano, sino más bien la capacidad de trabajar por algo porque es bueno, no sólo porque tiene posibilidades de éxito. Cuanto más poco prometedora es la situación en la que demostramos esperanza, más profunda es esa esperanza. La esperanza no es lo mismo que el optimismo. No es la convicción de que algo saldrá bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, independientemente de cómo resulte. En resumen, creo que la forma más profunda e importante de esperanza, la única que puede mantenernos a flote e impulsarnos a las buenas obras, y la única fuente verdadera de la dimensión impresionante del espíritu humano y de sus esfuerzos, es algo que obtenemos, por así decirlo, “de otra parte”. Es también esta esperanza, sobre todo, la que nos da la fuerza para vivir y para intentar continuamente cosas nuevas, incluso en condiciones que parecen tan desesperadas como las nuestras, aquí y ahora.”

Vaclav Havel
(1936-2011)
Fragmento de “Disturbing the Peace”

El dulce pasto, para comenzar

1.

¿Será que el buey hambriento se quedará parado
en el campo, sin comer el dulce pasto?
¿Que la lechuza se arrancará sus propias alas?
¿Que la alondra se olvidará de levantar su cuerpo
en el aire, se olvidará de cantar?
¿Que los ríos dejarán de fluir corriente arriba?

Vean, digo —vean
la confiabilidad y la elegancia y las enseñanzas
de esta regalo arenoso que es la tierra.

2.

Come pan y comprende el consuelo.
Toma agua, y comprende el deleite.
Visita el jardín en el que las campánulas moradas
abren sus cuerpos a los colibríes
que toman su dulzura,
deliciosamente glotones.

Ya que una cosa lleva a la otra.
Pronto notarás cómo las piedras brillan bajo tu suela.
Un día las mareas serán el único calendario en el que creas.

Y la cara de alguien, a quien quieres, será una estrella
tan íntima como última,
Y tú sentirás la conmoción de corazón, y el respeto.

Y escucharás al aire mismo, como un amado, suspirar:
Oh, déjame entrar, un rato más, en los
cuerpos hermosos de tus pulmones.

3.

La brujería de vivir
es toda mi conversación
con ustedes, mis queridos.
Todo lo que puedo decirles es lo que sé.

Mira, y mirá otra vez.
Este mundo no es solo una alegría para los ojos.

Es más que huesos.
Es más que la muñeca delicada con su pulso personal.
Es más que el latir de un único corazón.
Es alabanza.
Es dar hasta que el dar se siente como recibir.
Tienes una vida – ¡imagínate!
Tienes este día, y quizás otro, y quizás
otro aún.

4.

Un día le pediré a mi amigo Paulus,
el bailarín, el alfarero,
que me haga un tazón de mendicidad
que creo que mi alma
necesita.

Y si vengo a ti,
a la puerta de tu casa confortable
con ropas sin lavar y uñas sucias,
¿pondrás algo allí?

Me gustaría tomar esa oportunidad.
Me gustaría darte esa oportunidad.

5.

Hacemos una cosa u otra; permanecemos iguales,
o cambiamos.
Felicitaciones,
si has cambiado.

6.

Déjame preguntarte eso.
¿Tú también crees que la belleza existe por
alguna fabulosa razón?

Y, si no te has sentido encantado por esta aventura
— tu vida—
¿qué lo lograría?

7.

Lo que yo amaba en el comienzo, creo, era
más que nada, a mí misma.
Claro que no tenía opción, alguien tenía que hacerlo.
Eso fue hace muchos años.
Desde entonces he superado mi confinamiento,
aunque con dificultad.
Digo: que a ellos que pensaban que gobernaban mi corazón
los eché, los arrojé al compost.
Serán alimento de algún modo (todo es alimento
de una forma u otra).

Y me he convertido en hija de las nubes,
y de la esperanza.
Me he convertido en la amiga del enemigo, quien sea que sea
esa persona.
He crecido y, atesorando lo que aprendí,
me he vuelto más joven.

¿Me arriesgo a decirte esto, que es todo lo que sé?
Ámate a ti mismo. Luego olvídalo. Luego, ama al mundo.

Mary Oliver

Traducción: Fabiana Fondevila

El extraño regalo de mi abuelo

Noah Buscher

Muchas veces, cuando venía a visitarme, mi abuelo me traía un regalo. Nunca eran el tipo de regalos que traían otros, muñecas o libros o peluches. Mis muñecas y peluches hace rato que desaparecieron, pero muchos de los regalos de mi abuelo aún están conmigo.

Una vez me trajo una tacita de papel. Estaba llena de tierra. No me dejaban jugar con tierra. Desilusionada, se lo dije. Sonrió amorosamente. Se dio vuelta, tomó la tetera de mi juego de té y me llevó a la cocina, donde la llenó con agua. Nuevamente en mi cuarto, puso la tacita en la ventana y me dio la tetera. “Si prometes echar un poco de agua en la tacita todos los días, algo puede ocurrir,” me dijo.  

Tenía cuatro años, y mi cuarto estaba en el sexto piso de un edificio de Manhattan. Nada de esto tenía sentido para mí. Lo miré, dudosa. Afirmó con la cabeza, a modo de aliento. “Todos los días, Neshumele.” (N. del T.: Neshumele significa “almita” en idish)

Prometí que lo haría. Al principio, curiosa por ver qué pasaría, no me costó nada cumplir. Pero a medida que pasaban los días y nada cambiaba, se volvió más y más difícil acordarme de echar agua en la taza. Después de una semana, le pregunté a mi abuelo si ya era hora de parar. Sacudiendo la cabeza, repitió: “Todos los días, Neshumele”.

La segunda semana fue todavía más difícil, y me enojé por haber prometido echar agua en la taza. Cuando vino mi abuelo otra vez, quise devolvérsela, pero se rehusó a tomarla, diciendo simplemente: “Todos los días, Neshumele.”

Para la tercera semana, empecé a olvidarme de echar agua a la taza. Muchas veces me acordaba cuando ya estaba en la cama y tenía que levantarme y hacerlo en la oscuridad. Pero no me saltee un solo día. Y una mañana, aparecieron dos hojitas verdes que no habían estado ahí la noche anterior.

Estaba completamente asombrada. Día tras día se fueron volvieron más grandes. No veía el momento de contarle a mi abuelo, segura de que él se asombraría tanto como yo. Pero, por supuesto, no fue así. Con cuidado me explicó que la vida está en todas partes, escondida en los lugares más comunes e insospechados. Yo estaba feliz. “¿Y todo lo que necesita es agua, abuelo?” Acarició dulcemente mi cabeza y dijo: “No, Neshumele. Todo lo que necesita es tu fidelidad”

Esta fue, quizás, mi primera lección sobre el poder del servicio, pero no la comprendí de ese modo en ese momento. Mi abuelo no hubiese usado estas palabras. Hubiese dicho que todos debemos acordarnos de bendecir la vida que nos rodea, y la vida que nos habita. Hubiese dicho que, cuando nos acordamos, podemos bendecir la vida, y podemos reparar el mundo.

Rachel Naomi Remen

De “My grandfather’s blessings. Stories of Strength, Refuge and Belonging” (Riverhead Books)

Traducción: Fabiana Fondevila

La invitación

No me interesa lo que haces para ganarte la vida.
Quiero saber lo que ansías, y si te atreves a soñar con satisfacer el deseo de tu corazón.
No me interesa tu edad.
Quiero saber si te arriesgarías a parecer un tonto por amor, por tus sueños, por la aventura de estar vivo.

No me interesa cuáles planetas están en armonía con tu luna.

Quiero saber si has tocado el centro de tu pesar, si las traiciones de la vida te han abierto o si te has marchitado y cerrado por miedo al dolor futuro.
Quiero saber si puedes sentarte con el dolor, el mío o el tuyo, sin intentar esconderlo, desvanecerlo o arreglarlo.
Quiero saber si puedes estar con la alegría, la mía o la tuya,
si puedes bailar con locura y permitir que el éxtasis te llene hasta la punta de los dedos, sin advertirnos que seamos cuidadosos, que seamos realistas, o que recordemos las limitaciones de ser humano.

No me interesa si la historia que me cuentas es verdadera. Quiero saber si decepcionas a otros para serte fiel a ti mismo, si puedes soportar la acusación sin traicionar a tu propia alma. Quiero saber si puedes ser fiel y por lo tanto ser confiable.
Quiero saber si puedes ver la belleza, aun cuando no sea bella todos los días, y si puedes hacer que tu propia vida surja desde su presencia.
Quiero saber si puedes vivir con el fracaso, el tuyo o el mío, y de pie en la orilla del lago gritarle al plateado arco de la luna llena: “¡Sí!”

No me interesa saber dónde vives ni cuánto dinero tienes. Quiero saber si puedes levantarte después de una noche de dolor y desesperación, cansado y golpeado hasta los huesos y hacer lo que sea necesario para alimentar a tus hijos.
No me interesa quién eres o cómo llegaste a estar aquí.
Quiero saber si te pararás en el centro del fuego conmigo, sin huir.

No me interesa en dónde o qué o con quién has estudiado.
Quiero saber lo que te sostiene, desde tu interior, cuando todo lo demás se derrumba.
Quiero saber si puedes estar solo contigo mismo y si disfrutas de tu propia compañía en los momentos vacíos.

Oriah Mountain Dreamer
Traducción: Fabiana Fondevila

Hay una gracia que llega

Veeterzy

Hay una gracia que llega,
que negamos tanto como la muerte.
Es la conclusión de nuestro nacimiento.

No llega en el tiempo
sino fuera del tiempo,
cuando la mente se agita en el corazón
y recordamos quiénes somos.

Es una gracia insistente que nos lleva
al borde y nos invita
a entregar el terreno seguro
y entrar en nuestra enormidad.

Sabemos que debemos ir más allá
del conocimiento
y tememos la desnudez.

Pero nos llamamos a elevarnos,
de todos modos,
a través de fantasmas olvidados
y ángeles inesperados,
Dándonos cuenta de que ya no tiene sentido
intentar hacer sentido.

Esta mañana el universo bailó delante de ti
mientras cantabas.
¡Cómo ama esa canción!

Stephen y Ondrea Levine
Traducción: Fabiana Fondevila

Gratitud

Gracias aroma
azul,
fogata
encelo.
Gracias pelo
caballo
mandarino.
Gracias pudor
turquesa
embrujo
vela,
llamarada
quietud
azar
delirio.
Gracias a los racimos
a la tarde,
a la sed
al fervor
a las arrugas,
al silencio
a los senos
a la noche,
a la danza
a la lumbre
a la espesura.
Muchas gracias al humo
a los microbios,
al despertar
al cuerno
a la belleza,
a la esponja
a la duda
a la semilla
a la sangre
a los toros
a la siesta.
Gracias por la ebriedad,
por la vagancia,
por el aire
la piel
las alamedas,
por el absurdo de hoy
y de mañana,
desazón
avidez
calma
alegría,
nostalgia
desamor
ceniza
llanto.
Gracias a lo que nace,
a lo que muere,
a las uñas
las alas
las hormigas,
los reflejos
el viento
la rompiente,
el olvido
los granos
la locura.
Muchas gracias gusano.
Gracias huevo.
Gracias fango,
sonido.
Gracias piedra.
Muchas gracias por todo.
Muchas gracias.
Oliverio Girondo,
agradecido.

Oliverio Girondo

Miramos con incertidumbre

Miriam Pösz

Miramos con incertidumbre
más allá de las viejas elecciones
y respuestas claras,
hacia un estado vital más suave,
más permeable, que está, a cada momento,
al borde de la muerte.
Porque algo nuevo está naciendo
en nosotros, si lo permitimos.
Estamos parados frente
a un nuevo umbral,
esperando lo que viene…
animándonos a ser criaturas humanas,
vulnerables a la belleza
de la existencia,
Aprendiendo a amar.

Anne Hillman

Traducción: Fabiana Fondevila