El sótano - Curso Ser el Faro

El sótano. Lo mítico, la sombra, lo ancestral.

El sótano - Curso Ser el Faro

¿Qué nos espera en los mundos que yacen bajo la tierra, bajo la superficie del mar, bajo la línea de nuestra consciencia? ¿Qué buscaban los chamanes en sus viajes “al mundo de abajo” y qué podemos encontrar nosotros, si nos atrevemos a visitarlo? ¿Qué fuerzas aguardan en la oscuridad más recóndita? ¿Qué podemos aprender de lo que nunca vemos?


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Acerca de la esperanza

Miriam Pösz

El tipo de esperanza en el que pienso a menudo (especialmente en situaciones especialmente desesperadas, como la cárcel) la entiendo sobre todo como un estado de ánimo, no como un estado del mundo. O tenemos esperanza dentro de nosotros, o no la tenemos. . . La esperanza no es un pronóstico. Es una orientación del espíritu, una orientación del corazón. Trasciende el mundo que se experimenta inmediatamente, y está anclada en algún lugar más allá de sus horizontes. . . . Siento que sus raíces más profundas están en lo trascendental, al igual que las raíces de la responsabilidad humana, aunque por supuesto no puedo -a diferencia de los cristianos, por ejemplo- decir nada sobre lo trascendental. . . .

“La esperanza, en este sentido profundo y poderoso, no es lo mismo que la alegría de que las cosas vayan bien, o la voluntad de invertir en empresas que evidentemente van a tener un éxito temprano, sino más bien la capacidad de trabajar por algo porque es bueno, no sólo porque tiene posibilidades de éxito. Cuanto más poco prometedora es la situación en la que demostramos esperanza, más profunda es esa esperanza. La esperanza no es lo mismo que el optimismo. No es la convicción de que algo saldrá bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, independientemente de cómo resulte. En resumen, creo que la forma más profunda e importante de esperanza, la única que puede mantenernos a flote e impulsarnos a las buenas obras, y la única fuente verdadera de la dimensión impresionante del espíritu humano y de sus esfuerzos, es algo que obtenemos, por así decirlo, “de otra parte”. Es también esta esperanza, sobre todo, la que nos da la fuerza para vivir y para intentar continuamente cosas nuevas, incluso en condiciones que parecen tan desesperadas como las nuestras, aquí y ahora.”

Vaclav Havel
(1936-2011)
Fragmento de “Disturbing the Peace”

Diferente

Immo Wegmann

Me levanté de la cama
sobre dos fuertes piernas
Podría haber sido diferente.
Comí cereal, leche dulce,
un durazno maduro y
perfecto. Podría 
haber sido diferente.  
Llevé al perro por la colina
que da al bosque de abedules.
Toda la mañana hice
el trabajo que amo.
Al mediodía me recosté
con mi marido. Podría 
haber sido diferente 
Cenamos juntos
en una mesa 
con candelabros de plata
Podría haber sido diferente.
Dormí en un cuarto
con cuadros en las paredes,
y planifiqué otro día.
igual que este.
Pero un día, lo sé, 
será diferente.

Jane Kenyon

Traducción: Fabiana Fondevila

La revolución de las raíces

La revolución de las raíces

La revolución de las raíces
La revolución de las raíces

Los primeros brotes pasaron desapercibidos. Magnolia sonrió al verlos subir, enredándose en su tronco, abrazando las ramas bajas. La alegró esta nueva compañía. En la comarca alejada, las únicas visitas eran los zorzales y benteveos que buscaban su sombra, alguna fila de hormigas en busca de alimento, y los escarabajos que, desde hacía milenios, elegían al polen de su especie para libar.

Al fin, Él se presentó: “Ficus trepador, a su servicio”.
No aclaró de dónde venía, ni a dónde iba, pero elogió sus flores como cuencos, su corteza suave, su porte delicado y esbelto. “Única en la comarca”, susurró, asomando entre las ramas, y ella se sonrojó.
Pasaron soles, lunas, tormentas y vendavales. Ficus ascendía lentamente, rodeando las ramas de Magnolia a paso de caracol, envolviéndolas milímetro a milímetro con su tumulto de hojas.
Una mañana, al despertar, ella lo encontró husmeando entre sus flores. “¡Aroma de los dioses!”, exclamó Él, y pasó a rodear la flor por la cintura. Un círculo, dos, tres, a ritmo de caricia. Con cada giro, los pétalos se inclinaban más hacia su centro, cerrándose a los rayos tibios, a la frescura del aire y a los invisibles tripulantes: insectos, esporas, semillas multicolores, plumas.

“Por favor”, pidió Magnolia, “no cierres mis flores. Sin ellas no puedo llamar a los escarabajos ni alimentarlos. Si ellos no se alimentan, no puedo viajar por el aire y sembrar vida. Si no puedo sembrar vida, me quedo sola. Por favor, no cierres mis flores”. Ficus pidió disculpas y retrocedió. Siguieron días de silencio y quietud.

La revolución de las raíces

La primavera se abría paso en capullos y retoños, en moras que se hinchaban de mieles
púrpuras, abejas borrachas de polen, crisálidas que eclosionaban en un revoloteo de
naranjas, turquesas y borravinos. Una tras otra, las flores de Magnolia se abrían. Y con ellas, todo su ser se disponía a impregnar al mundo de dulzura.

La revolución de las raíces

Una tarde, Magnolia sintió un movimiento extraño. Miró hacia abajo y vio que Ficus subía por su tronco nuevamente. Pero esta vez no era a paso de caracol, sino de
lava. Sus brazos se deslizaban cual serpiente de rama en rama, clavando sus raíces en cada rendija de su corteza. A su paso, le enrollaba las hojas lustrosas como
cucuruchos, y construía una pared verde que no dejaba pasar el aire, el agua ni el sol. Cuando Magnolia salió de su estupor y quiso levantar la voz en protesta, la última de sus flores se cerraba como un puño: no pudo emitir ni un quejido.

Desde ese día, en la comarca no quedó rastro de Magnolia. En su lugar se alzaba un
monolito verde, inquietante y sepulcral.
Los escarabajos rondaban desconcertados. Trazaban círculos alrededor de Magnolia y se preguntaban a dónde se habría ido.
Dentro del monolito verde, ella desfallecía.

La revolución de las raíces

La mañana en que comenzó la lluvia, quedaban apenas unas pocas gotas de su savia.
Al principio fue una llovizna suave. Para el mediodía, el agua caía a baldazos sobre el suelo de la comarca.
La lluvia inundó la tierra apisonada a los pies de Magnolia, sacudió sus raíces,
despertó a su savia. La savia robustecida se montó sobre los hongos mensajeros. Los
hongos echaron a rodar, sobre su telaraña de filamentos, la preciosa carga.

La revolución de las raíces

Mientras la tormenta arreciaba sobre la superficie, la noticia del asedio corrió bajo tierra hasta los cuatro confines. En el este, Acacia destiló su pócima de penas; en el norte, Palmera sintetizó un elixir de furia; en el oeste, Higuera alquimizó el horror en potencia; en el Sur, Tipa tejió una trenza de raíces para portar la medicina.

La revolución de las raíces

Antes de que estallara el siguiente trueno, los hongos volvían a Magnolia con su ofrenda. Primero de a gotas y luego a borbotones, se abrieron paso por el tronco los colores: el rojo del coraje, el oro de la confianza, el índigo de la osadía, el verde de la libertad.

Desde las axilas hasta los dedos, las ramas de Magnolia despertaban. En cada rama, las hojas se desenrollaban como trompos y hacían saltar por el aire a las púas ajenas. Por entre el matorral asomaban pájaros atontados.

Filas de hormigas retomaban la marcha. Por fin, con un estertor de triunfo, se abrieron las flores. Magnolia se sacudió a Ficus como a un vestido viejo.

Se podría creer que nada cambió en la comarca desde entonces. La primavera aún sigue
al invierno, el verano a la primavera, el otoño al verano. Pero para Magnolia, todo es
nuevo. Los escarabajos libadores ya no llegan con manos vacías: cada uno porta noticias de sus hermanas. Algunos traen flores, otros frutos; en los días festivos, traen trenzas de colores. Hasta el más perezoso ostenta sobre su lomo una ráfaga de buenos deseos.
Hay tormentas en la comarca, hay sequías. Para Magnolia y sus hermanas, lo que no hay, lo que ya no habrá, es soledad.

La revolución de las raíces

Texto: Fabiana Fondevila. Ilustraciones: Maite Oz

Primer taller abierto: Acompañar a mujeres en situación de violencia

@patwasi

Te invitamos a un primer taller, abierto y gratuito, en el que compartiremos prácticas y herramientas para acompañar a mujeres que atraviesan una situación de violencia.

El taller es virtual, tendrá lugar el 27 de mayo, de 19 a 21, y podés anotarte llenando este formulario:https://forms.gle/pyZNjMGvK4o2DrrM7

No hace falta tener experiencia previa; solo el deseo de acompañar y ayudar a mujeres que sufren abusos (o estén en riesgo de sufrirlos) de cualquier naturaleza.

Mujeres en acción busca sumar recursos comunitarios para prevenir y proteger a las mujeres de violencias y atropellos, y sembrar las semillas de una cultura de solidaridad activa con esta problemática.

En una comunidad de aliad@s, ninguna mujer está sola.

Sumate, te esperamos!

Para quienes querrían gobernar

Primera pregunta: ¿Puedes gobernarte a ti mismo?
Segunda pregunta: ¿Cuál es el estado de tu propio hogar?
Tercera pregunta: ¿Tienes un registro constatable de servicio comunitario y actos compasivos?
Cuarta pregunta: ¿Conoces la historia de tus principados?
Quinta pregunta: ¿Sigues principios sólidos? ¿Buscas una visión fresca para elevar a todos los habitantes de un territorio, incluyendo a los animales, las plantas, los elementos, todos quienes comparten esta tierra?
Sexta pregunta: ¿Le perteneces a abogados, banqueros, agentes de seguro, lobbistas, otros políticos, o a cualquiera que pueda beneficiarse injustamente de tus decisiones? Séptima pregunta: ¿Tienes la autoridad de los dueños originales de las tierras, aquellos que obedecen la ley natural y están al servicio de las tierras sobre las que te paras?

Joy Harjo
Traducción: Fabiana Fondevila

http://fabianafondevila.com/wp-admin/

En el umbral de la esperanza

@wasipat

“Debemos plantarnos en el umbral de la esperanza” aún en situaciones que generan pesimismo, escribe Victoria Safford, “porque con nuestras vidas creamos respuestas, todo el tiempo, a este ávido, bello, mutilado, maravilloso mundo”.
Algo de esto se nos cruzó a quienes conformamos Mujeres en acción (agrupación auto-gestiva que busca crear una sociedad guiada por el amor, el respeto y la justicia de género), junto con una ola colectiva de emoción, cuando Silvia S., una potencia santafecina que tenemos el honor de contar en nuestras filas, nos contó lo ocurrido.
No llevábamos más de unas semanas trabajando -recopilando material para nutrir las iniciativas que nos proponemos-, cuando Silvi se topó con la precisa situación que queremos ayudar a prevenir / impedir / sanar: una mujer que conoce desde hace años le reveló que los hematomas que tenía en la cara (que antes atribuyó a un accidente) eran producto de una golpiza de su pareja.
Silvi se puso en acción: contactó a las hijas (adultas) de M., y les informó de todos de los recursos con los que podían contar. Luego acompañó a M. al consultorio de una psicóloga especializada en violencia de género, que consiguió a través de la Secretaría de Género y Derechos Humanos, quien, a su vez, puso en contacto a M. con una psiquiatra, también especializada, para ayudarla a tranquilizarse.
Las hijas obtuvieron la ayuda de su padre (ex pareja de M.), y entre todos pudieron excluir al agresor del hogar. M. hoy está viviendo en casa de su madre, y tanto ella como las hijas tienen en sus teléfonos el app “No estás sola” (creado por un equipo de jóvenes rosarinas), además del dispositivo terapéutico.
Silvia sigue acompañando, procurando empujar el proceso legal. Pero no deja de repetir que ni M., ni sus hijas, conocían los recursos con los que podían contar, como tampoco los conocía ella, antes de que emprendiéramos el trabajo de recabarlos y actualizarlos, para luego ponerlos a disposición de tod@s.
Como tantas mujeres, Silvi no ha sido ajena al flagelo de la violencia. “Siento que, en la medida en que puedo acompañar a otras mujeres a salir de situaciones como esta, yo también sano”, nos compartió. “Ahora encuentro sentido al sinsentido que me acompañó durante tantos años”.
Silvi actuó de aliada y de mentora, y su actuación fue clave para que la vida de M. no tomara un giro trágico. Necesitamos crear una legión de Silvias, un ejército de mentoras capacitadas para intervenir donde haga falta, y para ser, a la vez, agentes de cambio en sus ámbitos, a lo largo y a lo ancho del país.
Comenzamos por la Argentina, con la generosa anuencia de nuestras compañeras latinoamericanas, que trabajan codo a codo con nosotras, sin importar a quien llegue antes la ayuda.
“La esperanza no es la certeza de que algo va a salir bien; es la convicción de que algo vale la pena”, escribió el lúcido Vaclav Havel. Nunca tan claro para nosotras. Gracias, Silvi, por ponerle el cuerpo a este anhelo. Gracias a M., por tu coraje (aun sin conocerte, lo percibimos). Gracias a todas las mujeres que trabajan, desde miles de organizaciones, para construir el mundo que nos merecemos.

Si querés sumarte a este equipo de entusiastas, escribinos a mujeresenaccionya@gmail.com

El dulce pasto, para comenzar

1.

¿Será que el buey hambriento se quedará parado
en el campo, sin comer el dulce pasto?
¿Que la lechuza se arrancará sus propias alas?
¿Que la alondra se olvidará de levantar su cuerpo
en el aire, se olvidará de cantar?
¿Que los ríos dejarán de fluir corriente arriba?

Vean, digo —vean
la confiabilidad y la elegancia y las enseñanzas
de esta regalo arenoso que es la tierra.

2.

Come pan y comprende el consuelo.
Toma agua, y comprende el deleite.
Visita el jardín en el que las campánulas moradas
abren sus cuerpos a los colibríes
que toman su dulzura,
deliciosamente glotones.

Ya que una cosa lleva a la otra.
Pronto notarás cómo las piedras brillan bajo tu suela.
Un día las mareas serán el único calendario en el que creas.

Y la cara de alguien, a quien quieres, será una estrella
tan íntima como última,
Y tú sentirás la conmoción de corazón, y el respeto.

Y escucharás al aire mismo, como un amado, suspirar:
Oh, déjame entrar, un rato más, en los
cuerpos hermosos de tus pulmones.

3.

La brujería de vivir
es toda mi conversación
con ustedes, mis queridos.
Todo lo que puedo decirles es lo que sé.

Mira, y mirá otra vez.
Este mundo no es solo una alegría para los ojos.

Es más que huesos.
Es más que la muñeca delicada con su pulso personal.
Es más que el latir de un único corazón.
Es alabanza.
Es dar hasta que el dar se siente como recibir.
Tienes una vida – ¡imagínate!
Tienes este día, y quizás otro, y quizás
otro aún.

4.

Un día le pediré a mi amigo Paulus,
el bailarín, el alfarero,
que me haga un tazón de mendicidad
que creo que mi alma
necesita.

Y si vengo a ti,
a la puerta de tu casa confortable
con ropas sin lavar y uñas sucias,
¿pondrás algo allí?

Me gustaría tomar esa oportunidad.
Me gustaría darte esa oportunidad.

5.

Hacemos una cosa u otra; permanecemos iguales,
o cambiamos.
Felicitaciones,
si has cambiado.

6.

Déjame preguntarte eso.
¿Tú también crees que la belleza existe por
alguna fabulosa razón?

Y, si no te has sentido encantado por esta aventura
— tu vida—
¿qué lo lograría?

7.

Lo que yo amaba en el comienzo, creo, era
más que nada, a mí misma.
Claro que no tenía opción, alguien tenía que hacerlo.
Eso fue hace muchos años.
Desde entonces he superado mi confinamiento,
aunque con dificultad.
Digo: que a ellos que pensaban que gobernaban mi corazón
los eché, los arrojé al compost.
Serán alimento de algún modo (todo es alimento
de una forma u otra).

Y me he convertido en hija de las nubes,
y de la esperanza.
Me he convertido en la amiga del enemigo, quien sea que sea
esa persona.
He crecido y, atesorando lo que aprendí,
me he vuelto más joven.

¿Me arriesgo a decirte esto, que es todo lo que sé?
Ámate a ti mismo. Luego olvídalo. Luego, ama al mundo.

Mary Oliver

Traducción: Fabiana Fondevila

Nace “Mujeres en acción”: por una comunidad de la conexión, la compasión y el respeto

El 8 de marzo siempre tuvo un sabor agridulce: un día destinado a celebrar los logros de la lucha por la igualdad de derechos para las mujeres, pero que, a la vez, nos recuerda inevitablemente el camino que queda por recorrer.

Este año, en la Argentina, es una fecha especialmente cargada. A pesar de las manifestaciones  masivas, denuncias y acciones realizadas desde la primera marcha #NiUnaMenos en junio de 2015, no solo no cejó el flagelo del femicidio: en los dos meses que lleva el 2021 (acaso como secuela de un 2020 transcurrido en cuarentena), llevamos ya 44 muertes, muchas de ellas trágicamente anunciadas.

Frente a esta realidad, la indignación forcejea con el desaliento. ¿Puede ser, con todos los recursos colectivos con los que contamos, no podamos frenar este resabio de la Edad de Piedra?

El desaliento es humano y comprensible, pero es un lujo que no podemos darnos. Más bien, debe llamarnos a renovar -más aún que redoblar- la apuesta.

Erradicar la violencia de género requerirá sin dudas cambios estructurales: compromiso político, el cumplimiento de las leyes dictadas para combatirla, inversión en las organizaciones de mujeres, mejoras socioeconómicas que saquen a las mujeres de la indefensión, servicios policiales y legales que cumplan con su función.

Pero hay otro frente igual de crucial, que nos involucra a todos. Hasta la violencia más concreta y despiadada se alimenta de lo sutil: una concepción del mundo que sigue ubicando a las mujeres en un rol subordinado, que entiende el poder como una fuerza de opresión, que propone a los hombres un modelo de masculinidad tóxica y, sobre todo, que se construye sobre una matriz de soledad, competencia y desconexión.

La idea de que somos individuos separados, y que podemos “salvarnos” a nosotros mismos, sin importar lo que pase a los demás, no solo es enfermante; es también profundamente falsa. Ciencias como la física, la biología, la psicología y otras disciplinas contemporáneas corroboran con creciente firmeza lo que siempre han enunciado las tradiciones de sabiduría: somos una red infinita de consciencias interconectadas (algunos hablan, de hecho, de una única consciencia): lo que le hacemos a uno le hacemos a todos.

La evolución de la consciencia tiende a afirmar esta comprensión, pero gran parte de la población sigue presa de la ilusión de la separatividad, con sus drásticas consecuencias. En esta encrucijada –un punto de inflexión en la historia de la humanidad-, las mujeres somos el problema (por ser las principales víctimas del mito patriarcal) y, a la vez, la solución.

¿Por qué? Porque las mujeres encarnamos más fácilmente lo que algunas tradiciones han bautizado “lo sagrado femenino”: una consciencia que hace pie en lo circular, en la primacía de los vínculos, en el valor de la ternura, en el servicio, en el cuidado de los niños, los ancianos, los animales, la tierra; una cosmovisión que entiende que construir comunidad es el único camino para crear un mundo seguro para todos.

Prueba de esto es lo que ocurre hoy en el movimiento por la justicia climática (más que “contra el cambio climático”), en el que una potente camada de militantes feministas despliega una forma nueva de liderazgo: priorizan el cambio por encima de las luchas de poder, trazan alianzas, intercambian recursos, celebran los logros de cualquier participante; generan propuestas que ayudan a sanar las injusticias endémicas, en lugar de agravarlas. Donde ellas se involucran, los resultados se reflejan en las estadísticas, y en las poblaciones que las encarnan.

Como refleja el libro “All We Can Save. Truth, Courage and Solutions for the Climate Crisis”, una brillante colección de ensayos y poemas de activistas ecologistas, las mujeres están en centro de la encrucijada: por un lado, son las más duramente golpeadas por el cambio climático; por el otro, los países en los que las mujeres tienen mayor status político y social, se registran menores índices de emisiones de carbono, leyes ecologistas más firmes y mayor cantidad de tierras protegidas. “Cuando estás cerca del problema, estás necesariamente cerca de la solución”, dicen Ayana Elizabeth Johnson y Katharine K. Wilkinson, las antologistas, en su llamado a la esperanza activa.

Es con este espíritu que un grupo de mujeres nos auto-convocamos, bajo el nombre “Mujeres en Acción. Por una comunidad de aliadas”, con una intención tan sencilla como ambiciosa: trabajar, con todas (y todos) quienes quieran sumarse, para ayudar a crear una comunidad en la que el respeto, la compasión y la libertad de todos sus miembros sea un credo unánimamente celebrado y defendido. Una comunidad en la que ningún dolor resulte indiferente, y en la que la alegría de una/o sea la alegría de todas/os.

Las experiencias más exitosas contra el bullying (como el Programa Kiva, de Finlandia) se basan en educar a la comunidad escolar (no solo a los victimarios) en empatía y educación emocional, convirtiendo a los testigos de situaciones de acoso en aliados. El mensaje clave es: Podemos frenar esto entre todos. Del mismo modo, creemos que es posible construir un ecosistema de cuidado y pertenencia, en el que el “poder sobre” vaya cediendo lugar progresivamente al “poder con” y al “poder interior”, que son las únicas fuerzas reales y sustentables con las que contamos.

Aunque cueste verlo, el mundo ya camina en esta dirección (basta con mirar atrás, apenas unas décadas, a las costumbres y creencias que hoy nos resultan inadmisibles). Pero el cambio se produce a paso lento y de modo desigual. Necesitamos abonar este alumbramiento con el trabajo decidido, y la colaboración de las manos, cabezas y corazones de todos.

Las mujeres que conformamos esta comunidad pertenecemos a distintos países latinoamericanos (¡cada día se suman nuevas compañeras!) y traemos a la tarea, cada una, sus propios dones, saberes e intuiciones. Buscamos armar red con las instituciones que trabajan en esta área, y con todos los actores sociales posibles, sumando las perspectivas que venimos investigando (sobre todo, en lo que hace a las estrategias de comunicación y transformación social).

Nos une la urgencia de actuar, pero también una esperanza de raíz profunda. El ex presidente de Yugoslavia, Vaclav Havel, lo expresó de este modo: “La esperanza no es la certeza de que algo va a salir bien, es la convicción de que algo vale la pena”. Si compartís esta convicción, si querés trabajar codo a codo para sembrar esta visión y alimentarla con actos concretos y cotidianos, escribinos a mujeresenaccionya@gmail.com.  ¡Te estamos esperando!

Primeros objetivos!

Si bien nos brindamos espacios para pensar juntas y madurar las ideas, Mujeres en Acción, como su nombre lo indica, no es, fundamentalmente, un espacio de debate y reflexión. Sentimos que la urgencia de la situación de tantas mujeres requiere que las iniciativas que puedan ayudar se implementen lo antes posible.

Con este fin, nos estamos conectando con distintas organizaciones de mujeres, para colaborar de todas las formas posibles.

En cuanto a las iniciativas propias, los objetivos de arranque son:

  1.  Crear una comunidad de aliados/as. Tomando el exitoso modelo de Rosario, proponer que en la ciudad de Buenos Aires (y, eventualmente, en el resto del país, y en los países de otras participantes de la iniciativa, como México, Chile, Ecuador) se implemente un ecosistema de ayudas de distintos niveles. El más básico: un programa por el cual los comercios, restoranes, cafés, locales y espacios de todo tipo se inscriban como “Casas aliadas”, con el propósito de recibir a mujeres en riesgo (sea por estar amenazadas por sus parejas o conocidos, o por estar sufriendo acoso callejero) y recibir una primera asistencia, a la vez que hacer puente con los organismos de seguridad y dispositivos legales dispuestos para ese fin.
  2.  Formación de mentoras. Formar voluntarias en el arte de acompañar mujeres que están en relaciones violentas. La formación será gratuita, y la función de las mentoras será dual: abocarse a las mujeres que puedan necesitarlas y, a la vez, dictar talleres en escuelas e instituciones públicas, y compartir sus saberes a través de los medios y las redes. El rol de “mentora” implica una forma particular de acompañamiento: más guía que enseñanza, se trata de una relación de pares; su rol principal es empoderar, ofrecer recursos, y ayudar a las mujeres a llegar ellas mismas a la decisión de hacer el cambio.
  3.  Crear un dispositivo de alarma multifunción. Colaborar con los/as creadoras de las aplicaciones para celular para situaciones de emergencia hoy disponibles, para sumar esfuerzos y procurar que un mismo dispositivo pueda:
  4. Producir un sonido disuasivo (identificable por la población como un pedido de ayuda por violencia de género).
  5. Alertar a una red de contactos pre-determinada.
  6. Contactar al 911.
  7. Activarse sacudiendo el aparato.

Estas son algunas de las iniciativas en las que ya estamos trabajando, a la vez que una Comisión de exploración se ocupa de pensar más ideas para llevar a la acción. Si querés participar en alguna de estas propuestas, o en todas, no dudes en sumarte!

(Nota publicada originalmente en Revista Sophia)