Programa Ser Faro

Michael Jantzen

Fue hace muchos años, tantos que no logro recordar el nombre del libro donde lo leí, pero  sé -de eso no dudo- que era de Anaïis Nin. En medio del cuento, sin ningún propósito discernible, la autora describía una casa vista desde afuera, con todos sus cuartos encendidos. 

La imagen anidó en mi imaginación, y dejó estela. Tantos años después, esa casa de luces me habla todavía.

¿Por qué?

Una casa encendida es una casa habitada, animada, encantada, sin espacios rechazados, dobleces ni escisiones. Una casa encendida (metafóricamente hablando, obviando aquí toda implicancia ecológica) es un hábitat apreciado por sus ocupantes, que se permiten explorar y disfrutar con soltura de todos sus rincones.

La casa es una antigua y persistente metáfora del Yo. Sus puertas nos invitan a entrar en nuestra interioridad; sus escaleras evocan aspiraciones; sus ventanas reflejan cómo miramos al mundo; sus bibliotecas, nuestros universos internos; los muebles antiguos o contemporáneos, nuestra afinidad con el pasado, el futuro, cierta cosmovisión.

“La naturaleza es una casa encantada”, escribió la poeta Emily Dickinson, “-pero el Arte- es una casa que intenta estar encantada”. A mitad de camino entre el arte y la naturaleza, vivimos nuestras vidas.  

En el recorrido que propongo, visitaremos los espacios de una casa imaginaria, e iremos encendiendo las luces una por una. La nuestra no será una casa estática, ni separada nítidamente del entorno. Su naturaleza es abierta, cambiante, como una tienda en el desierto: cada mañana, el viento habrá reacomodado el mobiliario y creado cuartos donde antes no habían. Y a cada hora del día, la luz irá danzando por los espacios, redefiniendo las formas y los colores, derramando emociones y energía de un espacio a otro. 

¿Cuál es la intención que guía el viaje? Ser presencia vibrante en cada espacio. Y, al final del recorrido, sentirnos más integrados, más habitados: ¡encendidos por dentro!

Aquí, algunas pinceladas del viaje. 

  1. El territorio.  El universo, el juego infinito.

¿Cuál es la naturaleza de la realidad que habitamos? ¿Vivimos en un mundo de pura materia, finita y desmenuzable? ¿O existe capa tras capa de misterio por descubrir? ¿Cuál es la esencia de los juegos que jugamos? ¿Hay lugar en nuestras vidas para el infinito? ¿Qué prácticas cotidianas nos lo devuelven?

   2.   El jardín. El mundo más que humano, volver a pertenecer.

¿Cuánta intimidad experimentamos con la naturaleza? ¿Cuán cerca nos sentimos de los árboles, las plantas y los animales no humanos? ¿Cuánto conocemos acerca de los ciclos de vida de “la nación verde” (como llama al mundo vegetal un pueblo nativo-americano)? ¿Qué sabemos de la forma de percibir el mundo de las especies con las que convivimos? ¿Cuál es nuestro diálogo con nuestra naturaleza interior?

   3. La entrada: Uno frente al mundo, la personalidad.

¿Quiénes somos? ¿Cuáles de nuestros nombres, distinciones, características, alcanzan para identificarnos frente al mundo y los demás? ¿Hasta qué punto podemos modificar nuestros hábitos y conductas, y decidir quiénes queremos ser? ¿Qué dice la ciencia, la filosofía y las tradiciones de sabiduría, acerca de nuestra libertad para auto-determinarnos? 

4. La cocina. Las emociones, la alquimia del corazón.

¿Qué son las emociones, y qué aportan a nuestra vida? ¿Qué rol cumplen las emociones aflictivas -no solo el miedo, el enojo y la tristeza sino los celos, la envidia, la vergüenza, entre tantas- y cómo podemos amigarnos con ellas y beneficiarnos con su inteligencia? ¿Cómo es la neurobiología de las emociones? ¿De qué modo pueden ser nuestras emociones un puente para conectar con la espiritualidad? ¿Cómo entrar en intimidad con nuestro propio corazón? 

5. El sótano. Lo mítico, la sombra, lo ancestral.

¿Qué nos espera en los mundos que yacen bajo la tierra, bajo la superficie del mar, bajo la línea de nuestra consciencia? ¿Qué buscaban los chamanes en sus viajes “al mundo de abajo” y qué podemos encontrar nosotros, si nos atrevemos a visitarlo? ¿Qué fuerzas aguardan en la oscuridad más recóndita? ¿Qué podemos aprender de lo que nunca vemos? 

6. Sala de baño. Limpieza y renovación.

¿De cuántas maneras ignoramos al animal que nos lleva por la vida y nos depara un sinfín de vivencias y sensaciones? ¿Cómo podemos ingresar a este santuario del cuerpo, en el que nos reconocemos como somos, sin disfraces ni artilugios? ¿Qué bálsamos puede procurarnos el agua fresca, el vapor, los aceites, las sales de baño? ¿Cómo devolverle a nuestro cuerpo, cansado de exigencias, algo del amor que nos procura? 

7. El dormitorio. Intimidad, sueño, erotismo.

¿Practicamos la entrega profunda que es la antesala al descanso, a los viajes a vela por el país de los sueños, al dichoso encuentro de cuerpos y almas desnudos? ¿Cómo recuperar la mirada erótica de la vida que conocimos de niños? ¿Cómo colaborar para que Eros (fuerza vital) y Psiqué (alma) vuelvan a enredarse en su sensual abrazo?

8. Puertas y pasillos. Ritos de pasaje.

¿Honramos las transiciones cíclicas en nuestra vida? ¿Nos detenemos a recibir la noche, el invierno, el alba, la primavera? ¿Escuchamos los murmullos que emergen en nuestro interior cuando ingresamos a una etapa nueva, ponemos fin a un vínculo, nos mudamos, tenemos hijos, envejecemos? ¿Cuál es la calidad de las ceremonias que actuamos, consciente o inconscientemente? ¿Cuáles son los ritos que quieren nacer?

9. La sala de estar. Encuentro con los otros. 

¿Cuán grande es nuestra familia? ¿Abarca solo a aquellos con quienes tenemos lazos sanguíneos, de amistad, de trabajo? ¿Cómo es nuestra relación con el resto del mundo? ¿Nos dejamos tocar y conmover por los dolores, las alegrías, los deseos y aspiraciones de “los extraños” con quienes nos cruzamos, de quienes leemos en el diario, cuya existencia adivinamos de reojo? ¿Cómo queremos involucrarnos en nuestro mundo dolido, tumultuoso, siempre al borde del abismo? ¿Podemos danzar con otros, llorar con otros, celebrar con otros en nuestra casa común? ¿Cuál es la relación mutuamente nutricia entre el trabajo interior y el trabajo en el mundo?  

10. La escalera. Los peldaños más altos.

¿Dejamos de crecer y desarrollarnos al convertirnos en adultos? ¿Es “la adultez” una categoría indivisa, o cuenta con escalones? ¿Cuáles son los estadíos más altos del crecimiento, y qué prácticas, enseñanzas y actitudes nos permiten acercarnos a esa aspiración?

11. El altar. Silencio y solitud.

¿Le dedicás tiempo de calidad a tu espíritu? ¿Tenés un lugar al que acudir para hacer silencio, meditar, escribir, rezar, o ejercer la práctica contemplativa que te sea afín? ¿Te hacés el tiempo para conectar con tu ser, y disfrutar del mar de calma que puede ofrecerte? ¿Qué prácticas podrías incorporar para enhebrar un oasis de contento en cada día?

12. La terraza. El espíritu, la supraconsciencia.

¿Qué es el Supraconsciente (o Inconsciente Superior), depositario de las visiones e intuiciones que emanan de nuestra esencia? ¿Cuánto lo conocemos? ¿Nos permitimos vivenciar la libertad y el vuelo que nos ofrece? ¿Canalizamos su luz y espaciosidad en nuestra vida cotidiana? ¿Participamos, al fin, del Juego infinito?‘

Por una cultura de aliados

Gonzalo Davio / La Palabra Rojas

Todos sentimos las tripas retorcerse al leer de la complicidad de las fuerzas de la Policía bonaerense en el asesinato de Úrsula Bahillo, en manos del policía bonaerense Matías Martínez. Complicidad tácita y explícita: en el rechazo a tomar denuncias, en apenas mover al oficial tras la primera acusación, en solo apartarlo con carpeta psiquiátrica al sumarse las denuncias, sin tomar una sola medida preventiva. Todos sentimos una ola de impotencia frente a la desidia de los funcionarios que debían velar por la joven desesperada Y fuimos una ola de furia ante las palabras que usó el asesino para anoticiar a su tío de las 15 cuchilladas: “Me mandé una macana”.

Hoy nos atraviesa el crimen de Úrsula, pero es solo el más reciente. Y, si nada cambia, no será el último.

En la madrugada del 13 de marzo de 1964, una joven de 28 años llamada Kitty Genovese fue asesinada fuera de un complejo habitacional, en Queens, Nueva York. Dos semanas después del brutal asesinato, el New York Times publicó un artículo denunciando que 38 personas habían visto o escuchado el ataque, y ninguno había hecho nada para ayudarla.

El crimen dio nacimiento a lo que la psicología más tarde bautizaría “el efecto espectador”: la tendencia a que, cuando muchas personas atestiguan un acto violento (o un accidente, o una persona en problemas), la mera presencia de otros en la escena neutralice la acción. La presunción inconsciente es que “alguien” –otro- intervendrá, y entonces nadie lo hace: la presencia del grupo difumina la responsabilidad.

En base a este hecho, las estrategias más actuales contra el bullying hacen foco en el entorno, en las personas que rodean a la víctima y el victimario. Si nadie festeja el acoso, el violento tiende a desistir. Si un espectador interviene, aun sin tener relación directa con el bully o con el acosado, aumentan enormemente las chances de que el acto cese.

Vuelvo, ahora, al crimen de Úrsula; al policía que ya había sido acusado de violar a una menor discapacitada y de acosar a otra ex novia, compañera de la fuerza; el mismo que tenía 18 denuncias alojadas en su contra; el que era conocido por sus vecinos por sus conductas violentas. En otras palabras: al crimen más anunciado de la historia.

Fueron más denuncias que puñaladas, pero ninguna denuncia, ninguna perimetral, ningún botón anti-pánico logró evitar que Martínez cumpliera con su amenaza, y la matara.

Los 44 femicidios que van en este flamante 2021 dan cuenta de la insuficiencia del sistema judicial en sus deberes de amparo, y de las falencias flagrantes en la aplicación de las leyes creadas para ese fin. ¿Alguien puede explicar cómo y por qué, en diciembre pasado, cuando el fiscal Sebastián Villalba (de 9 de Julio) pidió la detención de Martínez por un caso anterior de abuso, “el juzgado dijo que había que esperar” y lo dejó en libertad? ¿Hace falta exigir que las fuerzas destinadas a proteger a los ciudadanos se ocupen de resguardar a las víctimas, y no a los victimarios?

Y, aun así, sabiendo que dependemos de los organismos cuya función es defendernos, sabiendo que debemos obligar a esas fuerzas a cumplir su función, resuena en mí una frase, pronunciada por un vecino de más de 20 años del barrio de Rojas donde vivía Martínez. “Ya todos sabíamos cómo era”, dijo. Donde hay violencia, salvo casos muy inusuales, hay testigos. Y donde no hay testigos, es porque las víctimas no sienten confianza de acercarse a alguien y contar; confianza de que serán escuchadas, de que no serán juzgadas, que sus miedos no serán minimizados o desestimados.

“Para que el mal triunfe, solo se necesita que los hombres de bien no hagan nada”, dijo el escritor y político irlandés Edmund Burke. Todos –hombres y mujeres- debemos abandonar el rol de espectadores, superar el “no te metás”, el miedo a equivocarnos y hacer algo. ¿Hacer qué? Hablar, escribir, gritar, resguardar, acercar recursos, ocultar a la víctima y exigir –con la fuerza mancomunada del grupo- que se detenga al agresor. Que golpeemos, entre todos, las puertas de las comisarías y los juzgados, y exijamos una Justicia del siglo XXI, que priorice a los vulnerables y tome acción inmediata contra los agresores.

No ignoramos la complejidad que puede tener la violencia de género. Sabemos que, en muchos casos, las mujeres necesitan de un acompañamiento compasivo y sutil para poder de salir de vínculos opresivos y tóxicos, y debemos aprender a ofrecer esa escucha, esa ayuda. Pero cuando una mujer pide socorro a gritos, no podemos no estar todos ahí, al instante, cerrando filas a su alrededor.

Para no llegar a instancias desgarradoras, urge que pasemos de una cultura de testigos a una cultura de aliados. Las mujeres venimos defendiéndonos unas a otras, marchando y reclamando a viva voz, desde hace muchos años. Pero no alcanza. Solas no podemos. Necesitamos que los hombres asuman la causa como propia: que cuestionen qué nivel de responsabilidad puedan tener, por acción u omisión, aun en pequeños actos; que confronten a la cultura del poder sobre que impera todavía en demasiados ámbitos, y militen activamente por una cultura del poder con.

La violencia contra las mujeres no es una condena biológica, un flagelo social, un mal histórico inexpugnable: es una decisión. Prospera en el silencio, en el ocultamiento, en el mirar sin ver.

Por Úrsula, por sus amigas, por su madre, por todas las mujeres que hoy buscan una salida solas y desesperadas, frente a una Justicia indiferente: miremos, veamos, actuemos.

F.F.

SER FARO. Alumbrar el mundo nuevo

2020 fue una montaña rusa de emociones e inéditos desafíos. Todo lo que dábamos por seguro colapsó en cuestión de meses, y dejó en claro que las reglas y las estructuras que rigieron el mundo hasta ahora no solamente son injustas (como ya sabíamos) sino también inoperantes: ni nos protegen de sus propios excesos, ni nos ofrecen norte y sentido.

Al mismo tiempo, despertamos a algunas verdades cruciales: la comprensión de los vínculos como nuestro capital más confiable y verdadero, la convicción de que no “vivimos en la naturaleza” sino que somos naturaleza, y que lo que sea que le hacemos a cualquiera de sus expresiones, nos hacemos a nosotr@s mismos; y, por fin, la intuición de que el mito del progreso económico y tecnológico ilimitado, escindido de un sentido de pertenencia y comunidad, nunca nos procurará la satisfacción que promete.

Lo positivo es que, con estas y otras verdades bajo el brazo, estamos mejor equipados para la tarea que nos espera: reconstruir el mundo de abajo hacia arriba, con una mirada humana y compasiva, ni egocéntrica ni etnocéntrica sino mundocéntrica, inspirada en el respeto por la dignidad de todos los seres, incluyendo el mundo más que humano.  

Para crear el mundo nuevo será crucial reemplazar el “poder sobre”, basado en el control, la coerción y el miedo, por el “poder con”, nacido de la colaboración, la solidaridad y el apoyo mutuo, el “poder para”, referido a la capacidad de cada persona para dar forma a su vida y al mundo, y el “poder interior”, que surge de la auto-valoración y el autoconocimiento cada individuo.

Es una oportunidad única, y una hermosa invitación, que requerirá lo mejor de cada uno. El nuevo modelo no será el de unos pocos líderes alumbrando el camino, sino el cada uno de nosotros irradiando su luz, de todas las formas posibles.

De ahí el título de este curso, que se despliega en un momento bisagra para la humanidad. Ser faros, todos y cada uno, es acompañarnos en el camino de brillar cada día un poco más alto, más largo, con más potencia y osadía.

Para lograrlo, exploraremos las potencialidades de cada uno según los últimos modelos de desarrollo y crecimiento en la adultez, procurando alinearlos con el impulso evolutivo que late en todos los seres vivos, y recorriendo un amplio abanico de prácticas, técnicas y profundas preguntas de auto-exploración.

También sumaremos un elemento nuevo: una vez en cada módulo, compartiremos una película / libro / fragmento, que nos invitará ahondar en el tema en cuestión desde una mirada poética, y permitirá que cada uno ilumine una arista diferente.

Como siempre, el trabajo se verá potenciado por la interacción dinámica y comprometida con el grupo, que hace de espejo, medida y apoyo continuo.

La metáfora que guiará nuestra exploración será la de una casa, antiguo símbolo para el Yo, y sus distintos espacios. Ver aquí el programa completo!

Para quienes no me conocen (aún!), les dejo algunos testimonios de queridas alumnas y alumnos de otros años:

“Cada curso de Fabi es una invitación a mirarnos, a mirar al otro y tomar de nuestro entorno y de nuestra propia vida lo mejor para desplegarnos en el mundo tal cual somos. Una mirada amorosa y consciente del ser humano y de la vida en general. Un viaje que no pueden perderse, hacia lo mas bello de la creación: el Amor.”
Andrea Genisetto, cantante en el Coro Polifónico Nacional.

“Son caminos de transformación y consciencia, guiados por la mágica sabiduría de Fabiana Fondevila. A través del amor y con múltiples y variadas herramientas creativas, vamos descubriendo asombrados el misterio mas profundo, que somos nosortrxs mismos, sin soslayar las sombras, y abonando al mismo tiempo el entramado de todo lo vivo que habita entre nosotros.”
Alejandra Kogan, directora del Centro Arte y Cultura La Blanco Encalada.

“Siento que lo que me dejó el taller de Fabi fue descubrir que aquello que empezó siendo un llamado se transformó en una práctica diaria, y una experiencia siempre renovada de sacar lo mejor de mí mismo. La tribu es una aliada fundamental en este proceso que tiene mucho de lúdico, exploratorio, y de honestidad compartida.”
Jorge Oviedo, fotógrafo.

“Cada semana es un festín, el esperado encuentro; Fabi con su amable y franca sonrisa, nos ofrece su inteligente y amorosa mirada de los diferentes temas que nos va revelando. Sabe construir el ambiente necesario y ofrece la palabra precisa; con una mano nos va quitando la venda de los ojos y con la otra con abraza el alma y el corazón para caminar con cuidado y confianza hacia adentro de uno mismo.
Para mí, un regalo adicional ha sido saborear su buen decir; su manejo culto y pulcro del lenguaje me ofrece ventanas adicionales que regocijan mi espíritu.
Cuento los días y las horas para abrir el telón de lo que nos ofrecerá en 2021.”
Alma Campos, Especialista en Diagnóstico y Diseño Organizacional, ex Presidente de la Asociación Mexicana para el Fomento del Libro Infantil y Juvenil.

Con su presencia acogedora, cálida, honesta, cercana, Fabiana logra crear puentes de humanidad compartida y eso nos hace correr ese telón de vergüenzas, secretos y tantos otros condicionamientos que congelan nuestros corazones, y entonces se produce la magia de conectarte contigo misma y las otras y así surgen amistades desde tu ser auténtico. Para mí ha sido un regalo de la vida… abrir espacios en mi interior para que entre la vida y sentirla y compartir este regalo de alabanzas.
Blanca Wuth, buscadora incansable, conductora de círculos de sanación para mujeres, Santiago de Chile.

Me despido por ahora con las palabras de Eduardo Galeano, en su bien amado “Fueguitos”:

“Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.”

¡A avivar el fuego que somos, querid@s! El mundo nos necesita.

¡L@s espero!

Duración: de marzo a diciembre. Es un curso anual, que se paga en diez cuotas (una por mes).

Comienzo: La segunda semana de marzo, en el día correspondiente a cada grupo de cada grupo.

Modalidad: Online. Existe la posibilidad de ofrecer algún encuentro presencial (o un retiro), en algún momento del año, si la situación lo permitiera, pero la cursada es enteramente virtual.

Días y horarios: martes, a las 19, miércoles, a las 10 / a las 19 / viernes, a las 18.

Duración de cada encuentro: 2 horas.

Arancel:  $ 3500 / U$D 45 por mes.

PROGRAMA:  click aquí.

Consultas: info@fabianafondevila.com

INSCRIPCIÓN

Taller de verano. Ciclo de cine. La llegada

La llegada: ¿Qué fronteras puede atravesar el amor?

Talleres de verano “El cine como espejo”: una invitación a pensar y sentir, de la mano de grandes películas de los últimos años.

En este taller nos zambulliremos en la película de ciencia ficción “La llegada” (2016), dirigida por Denis Villeneuve, y basada en el relato “La historia de tu vida”, de Ted Chiang.

Algunos de los temas que exploraremos:

  • Las distintas formas de concebir el tiempo, y sus consecuencias.
  • El rol del lenguaje en nuestra forma de ver, pensar y comprender el mundo.
  • Las razones detrás de nuestras decisiones más esenciales.
  • El poder de la escucha para atravesar fronteras.

Formato: Vía Zoom. Al finalizar, se enviará por mail la filmación y el audio del evento.

Requisito: Ver la película antes de tomar el taller. Está disponible en Netflix y Flow, entre otros canales.

Fecha: Jueves 21 de enero, de 18 a 21 (hora argentina).

Arancel: $ 1000 / U$D 12.

Informes e inscripción: info@fabianafondevila.com

 
 
 
 
 

 

Entusiasmo y posibilidad

Taller de verano: Prácticas del entusiasmo y la posibilidad

¿Qué es el entusiasmo, esa fuerza vital que los griegos definieron como “tener a un dios adentro? ¿Es un don, un rasgo de carácter, una manera de mirar la vida? ¿Podemos “resetearnos” para vivir con más energía y vitalidad? Y en ese caso, ¿por medio de qué estrategias, elecciones y prácticas?

Algunos de los temas que veremos:

  • Diferencia entre inspiración, entusiasmo y obsesión.
  • Entusiasmo, exuberancia, éxtasis: los peldaños más altos de la alegría.
  • El entusiasmo como decisión, actitud y modo de vida.

Formato: Vía Zoom. Al finalizar, se envía por mail la filmación y el audio del evento.

Fecha: Jueves 14 de enero, de 18 a 21 (hora argentina).

Arancel: $ 1000 / U$D 12.

Informes e inscripción: info@fabianafondevila.com

El extraño regalo de mi abuelo

Noah Buscher

Muchas veces, cuando venía a visitarme, mi abuelo me traía un regalo. Nunca eran el tipo de regalos que traían otros, muñecas o libros o peluches. Mis muñecas y peluches hace rato que desaparecieron, pero muchos de los regalos de mi abuelo aún están conmigo.

Una vez me trajo una tacita de papel. Estaba llena de tierra. No me dejaban jugar con tierra. Desilusionada, se lo dije. Sonrió amorosamente. Se dio vuelta, tomó la tetera de mi juego de té y me llevó a la cocina, donde la llenó con agua. Nuevamente en mi cuarto, puso la tacita en la ventana y me dio la tetera. “Si prometes echar un poco de agua en la tacita todos los días, algo puede ocurrir,” me dijo.  

Tenía cuatro años, y mi cuarto estaba en el sexto piso de un edificio de Manhattan. Nada de esto tenía sentido para mí. Lo miré, dudosa. Afirmó con la cabeza, a modo de aliento. “Todos los días, Neshumele.” (N. del T.: Neshumele significa “almita” en idish)

Prometí que lo haría. Al principio, curiosa por ver qué pasaría, no me costó nada cumplir. Pero a medida que pasaban los días y nada cambiaba, se volvió más y más difícil acordarme de echar agua en la taza. Después de una semana, le pregunté a mi abuelo si ya era hora de parar. Sacudiendo la cabeza, repitió: “Todos los días, Neshumele”.

La segunda semana fue todavía más difícil, y me enojé por haber prometido echar agua en la taza. Cuando vino mi abuelo otra vez, quise devolvérsela, pero se rehusó a tomarla, diciendo simplemente: “Todos los días, Neshumele.”

Para la tercera semana, empecé a olvidarme de echar agua a la taza. Muchas veces me acordaba cuando ya estaba en la cama y tenía que levantarme y hacerlo en la oscuridad. Pero no me saltee un solo día. Y una mañana, aparecieron dos hojitas verdes que no habían estado ahí la noche anterior.

Estaba completamente asombrada. Día tras día se fueron volvieron más grandes. No veía el momento de contarle a mi abuelo, segura de que él se asombraría tanto como yo. Pero, por supuesto, no fue así. Con cuidado me explicó que la vida está en todas partes, escondida en los lugares más comunes e insospechados. Yo estaba feliz. “¿Y todo lo que necesita es agua, abuelo?” Acarició dulcemente mi cabeza y dijo: “No, Neshumele. Todo lo que necesita es tu fidelidad”

Esta fue, quizás, mi primera lección sobre el poder del servicio, pero no la comprendí de ese modo en ese momento. Mi abuelo no hubiese usado estas palabras. Hubiese dicho que todos debemos acordarnos de bendecir la vida que nos rodea, y la vida que nos habita. Hubiese dicho que, cuando nos acordamos, podemos bendecir la vida, y podemos reparar el mundo.

Rachel Naomi Remen

De “My grandfather’s blessings. Stories of Strength, Refuge and Belonging” (Riverhead Books)

Traducción: Fabiana Fondevila

Como medimos la riqueza

Domingo de asombros: ¿Cómo medimos la riqueza?

Como medimos la riqueza

Es el dinero la única forma de capital? ¿Qué si el tiempo, la atención, la bondad, los vínculos, fueran otras formas de considerar la abundancia de la que disponemos en la vida? ¿Cómo podemos expandir ese capital, y compartirlo con quien también lo necesita?

Para ver el evento online, haz click aquí:

También por Zoom: ID 876 7295 3988
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