Encuentros corporativos: tiempo de reencuentro

En conjunción con Templura, empresa de Fidelización y regalos empresariales, estamos ofreciendo propuestas para empresas, ancladas en los siguientes ejes de trabajo:

• Animarse a liderar. ¿Cómo quiero que sea mi reino?
• Descubrir al héroe interior. ¿Qué dones elijo nutrir, amplificar, desplegar?
• Ampliar las fronteras del yo. ¿Quiénes somos, en verdad?
• Resignificar la vocación. ¿Conocemos y actualizamos nuestro propósito?
• Ser el cambio. ¿Cultivamos los arquetipos de transformación?
• Aprender a pertenecer. ¿Cuál es mi lugar en la tribu?

¿Qué buscamos con esta iniciativa?
• Hacer una pausa.
• Cambiar la mirada.
• Ofrecer un espacio de auto-descubrimiento y crecimiento personal, en los ámbitos de trabajo.
• Resignificar la idea del mundo personal y el laboral como esferas que no se tocan, y generar situaciones de encuentro y mutuo descubrimiento que nos permitan disfrutar de otro modo de la jornada laboral.
• Gestión de las emociones: buscamos lograr el equilibrio y el bienestar interior a través de la buena gestión de las emociones y la adopción de prácticas y herramientas.
• Propiciar el acercamiento entre personas que no han tenido la oportunidad de conocerse.
• Incentivar a la personas para que desplieguen sus potencialidades, y que encuentren en su desempeño laboral un área de crecimiento y de sentido.

Algunos de los temas que más convocan y despiertan mayor interés, anclados en la mirada mítica y arquetípica:
• Animarse a liderar. ¿Cómo quiero que sea mi reino?
• Descubrir al héroe interior. ¿Qué dones elijo nutrir, amplificar, desplegar?
• Ampliar las fronteras del yo. ¿Quiénes somos, en verdad?
• Resignificar la vocación. ¿Conocemos y actualizamos nuestro propósito?
• Ser el cambio. ¿Cultivamos los arquetipos de transformación?
• Aprender a pertenecer. ¿Cuál es mi lugar en la tribu?

Templura es una empresa con una larga experiencia en fidelizar y satisfacer las necesidades de sus clientes, que hoy quiere ampliar sus ofrecimientos a actividades de crecimiento y bienestar para empleados y clientes. Fabiana Fondevila viene realizando encuentros de desarrollo personal desde el 2010. Hoy mas de 1.100 personas han participado de sus diversas iniciativas. Ambas unen esfuerzos para ofrecer una propuesta de valor humano y enriquecimiento emocional y profesional, para todos quienes participen.

La inteligencia incomprendida de las emociones

Miriam Pösz


Ardí de pasión. Morí de tristeza. Enloquecí de furia. Me doblegó el miedo.
Las emociones son nuestras compañeras más cotidianas: enhebran, definen y pintan con múltiples tonos el paisaje de nuestros días. Pero como transparentan las expresiones que abren, le tememos a su influjo, imaginándolas como llamaradas incontrolables que nos esclavizan y nos roban de nuestra capacidad de responder libre y racionalmente.
Las emociones son expresiones de nuestra vitalidad esencial; respuestas auténticas y orgánicas al modo en que el mundo interno y externo nos afecta.No es de sorprender. Por siglos, la filosofía y la psicología han tendido a asociar las pasiones con «bajos impulsos», apetitos y reacciones irracionales y poco dignas de la civilización que supimos procurarnos. Esta actitud de desdén nos lleva a desoír lo que sentimos, particularmente cuando se trata de emociones aflictivas -mal llamadas «negativas»- como el miedo, el enojo, la culpa, la tristeza, la frustración, el agobio, la vergüenza, los celos, la envidia. Cada una de estas emociones tiene un mensaje que aportarnos, una información valiosa acerca de qué anhelamos, qué nos importa, qué necesitamos de los demás, qué reglas son importantes para nosotros, qué pérdidas nos duelen, qué afectos queremos preservar.
En la introducción a su magnífica obra La sabiduría de las emociones, el psiquiatra argentino Norberto Levy señala: «Del mismo modo que las luces del tablero de mandos del automóvil se encienden e indican que ha subido la temperatura o queda poco combustible, cada emoción es una luz de tonalidad específica que se enciende e indica que existe un problema a resolver».
Como las emociones aflictivas nos causan sufrimiento y nos producen rechazo, hacemos cualquier cosa por ignorar esas señales, distraernos de ellas y «superarlas» rápidamente. Intentamos poner fin por decreto a nuestra tristeza, por ejemplo, y en su lugar quedamos atrapados en una vaga sensación de desánimo que nos separa del mundo y nos anestesia. Reprimimos nuestro enojo, y su energía contenida nos lleva a hacer o decir cosas que luego lamentamos.
Otras emociones -como los celos y la envidia- sufren además un fuerte repudio social. En lugar de entenderlas -en la clara definición de Levy- como el miedo de perder a un ser amado por causa de un tercero, o el recordatorio doloroso de una carencia, respectivamente, las sentimos como la encarnación del mal en nuestro seno, y las negamos. Como consecuencia, estas emociones pasan a estar «en sombra» -alejadas de nuestra conciencia-, y en lugar de sentirlas las actuamos (por ejemplo, agrediendo sin quererlo) o las proyectamos (viéndolas en otros, en vez de en nosotros mismos). Todas estas emociones pueden tener una versión patológica y distorsionada, por supuesto. Pero, en esencia, son mensajes que podemos y necesitamos atender.

Expresiones de vitalidad
La psicología no se ha puesto de acuerdo respecto de qué son las emociones y qué función cumplen. Tras examinar la gran variedad de teorías contrapuestas, el psicólogo junguiano James Hillman llegó a esta conclusión: «Hasta el momento, las emociones siguen siendo un problema con solución inefable». Pero siguiendo al terapeuta John Welwood, autor de Psicología del despertar y otras maravillas, podríamos pensarlas como expresiones de nuestra vitalidad esencial; respuestas auténticas y orgánicas al modo en que el mundo interno y externo nos afecta.
Por su propia naturaleza, las emociones son intensas y efímeras: duran en promedio unos 90 segundos. Los sentimientos, en cambio, son la huella que dejan en nosotros las emociones tras pasar por la conciencia, y son más duraderos y atenuados.
Si les damos nuestra atención, las emociones tienden a drenar por sí mismas. A veces mutan en otra emoción subyacente. Por ejemplo, el enojo puede dar lugar al miedo (o viceversa), la envidia a la tristeza, la culpa al dolor. Y también es habitual que, una vez expresadas, hasta las emociones más difíciles den lugar a una profunda sensación de alivio, y hasta de liviandad y alegría.

Cómo abordar las emociones difíciles
Abordarlas para no quedar presas de ellas, y para ayudarlas a develar sus mensajes:
– Utilizar la respiración para centrarnos, calmar el cuerpo y observar la emoción tal como se presenta. Una respiración lenta y abdominal es ideal porque aquieta al sistema simpático y disminuye la agitación.
– Explorar dónde se presenta la emoción en el cuerpo, como propone la práctica de Mindfulness. Intentar discriminar cómo la sentimos: si es una opresión, una pulsación, una contracción en alguna parte. Si tenemos miedo a que una emoción nos desborde, podemos explorarla en compañía de un familiar o un amigo, que nos pueda escuchar amorosamente y sin juicio. La vergüenza, en particular, se alivia con este íntimo compartir.
– Escribir sobre lo que sentimos, dibujarlo o expresarlo con cualquier otro medio a nuestro alcance. Aun si no tenemos habilidad para el dibujo, los colores son un buen conducto para contactar con las emociones y darles cauce.
– Bailar, caminar, correr o recurrir a alguna otra práctica que nos ayude a contactar con el cuerpo, como el yoga. Las emociones se manifiestan en el cuerpo, y es ahí donde podemos ir a su encuentro.
– Tomar las acciones necesarias. Si la emoción pide una acción, dar paso a ella una vez que la emoción drenó: poner el límite que el enojo nos pide, pedir las disculpas que la culpa requiere, tomar las medidas de protección que el miedo (razonable) nos sugiere.
– Etiquetar la emoción. Describir la emoción difícil que uno está sintiendo en una o dos palabras ayuda a aliviarla, porque interpone un mínimo de distancia entre lo que sentimos y nosotros, y nos ayuda a des-identificarnos con ella. La meditación viene enseñando esta práctica desde hace milenios, hoy la neurociencia confirma su utilidad.
Lo cierto es que, en última instancia, todas las emociones buscan -aun por medios impropios- retornar al océano de amor que es nuestra naturaleza esencial. Hay emociones que son tributarias directas de ese océano, como el asombro, la gratitud, la compasión y la alegría (a explorar en breve), pero hasta las más perturbadas de nuestras expresiones guardan el mismo secreto anhelo: ser recibidas en nuestros corazones, y transformadas.
En su poema «La casa de huéspedes», el místico Jalaluddin Rumi (Persia, siglo XIII), retrata a las emociones como visitantes que acuden a nuestra puerta cada día, y propone, sin más: “Trata a cada huésped con honor”. Así concluye el poeta su llamado, que es pura alquimia: “Sé agradecido con quien quiera que venga / Porque cada uno ha sido enviado / Como un guía del más allá.”

Fabiana Fondevila

Publicado originalmente como columna en el diario La Nación.

Viaje al asombro: taller presencial

Si te gustó el libro, si te inspiró, si te dio ganas de recorrer el mapa de nueve estaciones, con sus luces y sus sombras, sus prácticas y sus descubrimientos, esta es tu oportunidad de ponerle el cuerpo!

En este taller quincenal, iremos desgranando una a una las prácticas de reconexión con la naturaleza, con los sentidos, con nuestros amados, con los ritos y ceremonias que honran nuestros pasajes, con el bosque secreto de nuestra imaginación, con las historias que nos contamos (las viejas, las nuevas y las que quieren nacer), con las zonas oscuras que buscan la luz, con la serenidad de nuestro espíritu, con la potencia de nuestro corazón.

Los encuentros serán unitarios. Podrán tomarse sueltos, aunque entre ellos se teja una rica telaraña que da cuenta del todo. Hay dos opciones de días: jueves a las 18.30 a 21, o domingos a 10 a 12.30, ambas en Belgrano. No se requiere experiencia previa de ningún tipo. Si todavía no leíste el libro, podés participar igual, e ir leyéndolo mientras explorás las prácticas en comunidad.

Para anotarte, escribí a info@fabianafondevila.com. Por dudas o consultas, podés comunicarte al 156 812-4444.

Comenzamos en julio, l@s espero!

Jalá, o pan trenzado judío.

Pan de masa madre
Ungüentos todo propósito
Elíxires herbales para el sueño y otras magias, y pretzels (lo que queda de ellos).

Una emoción que transforma

Miriam Pösz

En el segundo que te lleva leer esta frase, y a mí escribirla, 1.5 millones de litros de agua se derraman estrepitosamente en las Cataratas de Iguazú. En el espacio estalla en gases de colores una Supernova. En el Ártico atraviesa el cielo una Aurora borealis. En miles de esquinas, se dibujan arco iris. En incontables ramas de incontables árboles, cientos de horneros dan la última pincelada de barro a sus nidos. En el mismo segundo, nacen cuatro bebés en el planeta y muere una persona. Mientras tanto, el planeta gira sin prisa y sin pausa en torno de una bola de fuego incandescente que nació hace 4.603 billones de años y morirá en unos cinco billones más.

Puede que el leer esta sucesión de hechos te provoque -como a mí, el escribirlos- cierta emoción; algo así como una sensación de abismo y sorpresa y maravilla y pavor, todo al mismo tiempo. Esa compleja y adrenalínica emoción se llama asombro, y hoy la ciencia confirma lo que los sabios han dicho de ella desde el comienzo: es la más fecunda y transformadora de nuestras vivencias, porque nos pone en contacto directo con el misterio de la existencia.

¿Qué es el asombro, en pocas palabras? Es la respuesta emocional a un estímulo físico o conceptual tan extraordinario que desafía nuestra comprensión del mundo y de la vida. Los fenómenos que nos producen asombro nos dejan boquiabiertos, la respiración suspendida en la inhalación, como si quisiésemos hacer lugar para algo que no cabe. El tiempo, también se detiene. Frente a ese cielo estrellado, a esa nube de tormenta de la altura del Aconcagua, a ese mar que no tiene tamaño, no logramos pensar ni por un momento en lo que tenemos que hacer al día siguiente, lo que quedó sin hacer ayer, lo que vendrá algún día. Todo es puro presente, y el placer de habitarlo sin distracciones.

¿Cuáles son las características del asombro, que hacen de esta emoción una experiencia tan especial? En su presencia nos sentimos pequeños, infinitesimales. Pero, curiosamente, a la vez enormes, infinitos, porque algo en nosotros reconoce nuestra pertenencia a eso maravilloso que estamos viendo.

Investigadores del Greater Good Science Center, de la Universidad de Berkeley, en California, descubrieron que, tras experimentar unos momentos de asombro, las personas se muestran más satisfechas con sus vidas, más generosas y proclives a ayudar, y más en paz con el tiempo del que disponen. A la vez, como explica la psicóloga Lani Shiota, a diferencia de otras emociones positivas (como el orgullo y el entusiasmo), que producen efectos benévolos en el organismo pero también una cierta distorsión cognitiva, el asombro relaja el organismo sin nublar ni un poquito la mente.

¿Qué nos produce asombro? Los fenómenos de la naturaleza (por bellos, magníficos o misteriosos), las capacidades extraordinarias de la mente o del cuerpo humano, ciertas piezas musicales, ciertas obras de arte, el registro de la infinitud en la que habitamos, los actos heroicos (de gran bondad, coraje o resiliencia), todo lo que es vasto e imponente, y que nos recuerda -en algún sentido- nuestro verdadero tamaño.

Pero fuera del asombro que nos suscita lo vasto –a veces, con un dejo de temor reverencial-, es posible también sentir asombro por lo pequeño y cotidiano, si solo lo miramos con una actitud especial: el corazón abierto, los ojos frescos, la decisión de borrarnos las telarañas de la costumbre y volver a ver, como por vez primera. “Si estás aburrido, no estás prestando atención”, dijo Fritz Perls, creador de la terapia gestáltica.

Si dejamos de correr por un momento (con los tiempos que la vida actual nos impone), y miramos a nuestro alrededor, percibiremos rápidamente que estamos rodeados de maravillas, y que cada una de ellas –la forma en que entra el sol por la ventana, la temperatura y el aroma del café que tomamos, la mesa de madera que trae la naturaleza puertas adentro, los ojos de quien nos mira- son únicos e irrepetibles, y motivos de celebración. Así es que aparece una nueva emoción, tan vinculada al asombro que parece una prima hermana: la gratitud. Si todo es milagroso, como propuso Einstein, todo merece ser mirado con el corazón abierto y receptivo a esa condición.

De los muchos caminos para llegar a esa vivencia trata mi libro, Donde vive el asombro. Pero confío en que cada uno sabrá encontrar el propio. El asombro está tan cerca como la decisión de abrir los ojos, respirar hondo y dejarnos atravesar por la vida. En este instante, donde sea que estemos, por el puro deseo de despertar.

Fabiana Fondevila

Quienes quieran explorar esta emoción con un grupo de almas afines, pueden sumarse al taller Viaje al asombro, que comienzan a mediados de junio. Todos bienvenidos!

Arquetipos: las fuerzas que nos habitan

¿Dónde reside la inocencia en nosotros? ¿Seguimos teniendo acceso a la confianza y la frescura, o las perdimos en algún recodo del camino?

¿Cómo activamos la energía guerrera, para hacer frente a las inevitables injusticias y adversidades?

¿Donde se esconde la creatividad, que tanto cuesta encontrarla por días, semanas o meses?

¿Podemos desarrollar la sabiduría y ecuanimidad necesaria, para tomar buenas decisiones?

¿Y la magia? ¿Dónde vive la magia que conocimos en la infancia, y que recordamos con tanta melancolía?

Todo esto y mucho más nos espera en el recorrido por las doce energías que componen la Rueda de arquetipos: un encuentro por mes, para explorar las fuerzas que nos habitan, y ayudar a activarlas en las personas a quienes acompañamos. ¿El objetivo? Conocerlas, activarlas, desplegarlas en el mundo!

El programa

El inocente

La energía de los comienzos, con su promesa y su optimismo. ¿Dónde vive hoy la confianza, la apertura, la frescura que conocimos de niños? ¿Cuál es su versión actualizada, y para qué la necesitamos? ¿Cuál es la emoción guía de este patrón de pensamiento, sentimiento y conducta?

El huérfano

El desencanto que lleva al realismo y el riesgo de la victimización. La primera herida y su impacto en nuestra psiquis. ¿Cuáles son los dones de este arquetipo, y hasta qué punto los encarnamos? ¿Somos conscientes de su sombra, y cómo se expresa en nuestras vidas? Luces y sombras de un niño interior que sigue más vivo de lo que parece.

El desencanto que lleva al realismo y el riesgo de la victimización. La primera herida y su impacto en nuestra psiquis. ¿Cuáles son los dones de este arquetipo, y hasta qué punto los encarnamos? ¿Somos conscientes de su sombra, y cómo se expresa en nuestras vidas? Luces y sombras de un niño interior que sigue más vivo de lo que parece.

El guerrero

Nuestro aliado al momento de enfrentar dificultades y superar obstáculos. La energía a la que apelamos cuando nuestras fuerzas flaquean y el mundo exige nuestra firmeza. El desafío de discernir coraje de obstinación y autoafirmación de egoísmo.

El cuidador

El reservorio de nuestro altruismo y generosidad, pero también de la co-dependencia y el auto martirio. Un arquetipo esencial a nuestra madurez y humanidad, si sabemos gestionarlo.

El buscador

Siempre dispuesto a enfrentar lo desconocido, es el arquetipo que mejor encarna el Viaje del héroe. Pero su incansable curiosidad encierra riesgos y plantea posibles desvíos en el camino. ¿En qué consiste una búsqueda madura y comprometida?

El amante

Adalid de todos los amores, este arquetipo nos invita a abrir todas las dimensiones del corazón. ¿En qué ámbitos de la vida estamos encarnándolo plenamente? ¿En qué espacios nos estamos dejando tomar por algunas de sus sombras? Lograr el equilibrio de esta energía en nuestro interior es uno de los caminos más directos para convertirnos en individuos integrados y plenos.

El destructor

La fuerza que nos permite soltar lo que ya no nos sirve, y desenvainar la espada para dar por tierra con lo que nos daña (a nosotros, nuestros seres queridos, o al mismísimo mundo). Vituperado y malentendido, este arquetipo es parte crucial de la caja de herramientas para una buena vida. Veremos cómo se refleja en nuestras acciones, excesos y omisiones.

El creador

Fuente de todo alumbramiento, este patrón es nuestro aliado en la tarea de recrear la vida. Pero requiere de nosotros un voto de confianza que muchas veces cuesta dar, y una tenacidad capaz de convertir brillantes pero efímeras ideas en valiosas e imperfectas realidades.

El regente

¿Somos capaces de tomar responsabilidad por nuestras vidas? ¿Aspiramos a conquistarnos a nosotros mismos, o vamos por la dominación de los demás? El éxito en toda empresa dependerá de un regente interno activo, potente y sano.

El mago

Su arte es la transformación (de personas o situaciones) y ese es, también, su mayor peligro. Caminos para acceder al cambio de conciencia que obra la magia. En el manejo hábil, honesto y consciente de este arquetipo reside gran parte de nuestro poder en la vida.

El sabio

La búsqueda de la verdad y la visión verdadera, sin juicios, arrogancia ni dogmatismos. Diferencias entre conocimiento, intuición, percepción, sabiduría. ¿Es posible trabajar activamente para convertirnos en sabios? ¿Cuáles serían los caminos?

El loco

Y al final del camino, el reencuentro con la energía de los inicios, pero desde una mirada completamente nueva. ¿Todos podemos conquistar la exuberancia, el disfrute y la libertad de este arquetipo? ¿Qué deberemos ir construyendo en nuestras vidas para arribar a este destino, y no a otro que es –lamentablemente- más difundido y habitual?

Los espero para explorar el hilo subterráneo que une nuestras vidas en este gran camino: el de la maduración y la valiente celebración de la vida, más allá de los hechos puntuales que nos toque vivir. La invitación es a conocer estas energías, gestionarlas en nuestras propias vidas, y ayudar a trasparentarlas en las vidas de los demás.

Consultas: info@fabianafondevila.com / 156 812-4444.

Naturaleza Salvaje Vitalidad

Reencantar el mundo

“La naturaleza no es un lugar a visitar; es nuestro hogar”. Esto dijo el poeta naturalista y activista Gary Snyder. Cabe preguntarse: ¿cómo vuelvo a ese hogar, si vivo en medio de la ciudad y el verde más cercano es la plaza con bancos de cemento a diez cuadras de mi casa? ¿Cómo vuelvo a ese hogar si apenas avisto el mar o las montañas una vez al año, en mis vacaciones? ¿Cómo vuelvo a ese hogar si mis obligaciones me tienen corriendo de un lado para otro, y ni atisbo a mirar el cielo?

En este taller de cuatro encuentros, veremos: cómo encontrarnos con la naturaleza que está, ahí, todo el tiempo, donde estamos nosotros; cómo interactuar con ella, entendiéndola. como el teólogo Thomas Berry, como un sujeto, y no una colección de objetos; cómo despertar a la vitalidad que aguarda en nuestro olvidado yo salvaje, y en el reencuentro con la materia.

Cuatro encuentros, cuatro opciones de días y horarios:

Martes, a las 18.30, en Las Cañitas / Miércoles, a las 10, en Don Torcuato / Viernes, a las 16, en Florida / Sábados, a las 16, en Belgrano.

Retribución por el curso: $ 2000 / Inscripción: info@fabianafondevila.com

No vinimos al mundo para tolerarlo, o para trascenderlo, sino para amarlo. ¿Por qué no empezar hoy?

Tras las huellas de la vocación

En este módulo de “El héroe interior”, exploraremos la intersección entre misión, dones, deseos y necesidades. O, en palabras del escritor Frederick Buechner, “el lugar donde se encuentran tu alegría profunda y el hambre del mundo”.

Participá de estos encuentros teórico-vivenciales, y de una exploración abonada por el encuentro de almas y la inteligencia colectiva.

Informes: info@fabianafondevila.com

El héroe interior, para coaches!

¿Por qué este curso? Porque la sociedad que habitamos prioriza lo urgente por encima de lo importante, los logros externos por encima de los internos, y en el mundanal ruido se vuelve difícil discernir la voz del yo profundo, y ayudar a otros a hacer lo propio. Si el privilegio de una vida es convertirnos en quien realmente somos, como bien dijo el psiquiatra suizo Carl Jung, entonces el camino será el de zambullirnos en nuestras profundidades, para poder brindar en nuestros trabajos, nuestros vínculos y nuestras comunidades, ese regalo único e irrepetible que vinimos a ofrecer. Este curso ofrece herramientas de trabajo específicas para personas formadas en coaching, que quieran acompañar a personas u organizaciones en el camino del auto-descubrimiento, y la potenciación de sus dones y posibilidades. En otras palabras, tiene una finalidad formativa, tanto como de auto-transformación.  
Estos son algunos de los tópicos a explorar:

Ampliar las fronteras del yo. ¿Quiénes somos, en verdad?
Resignificar la vocación. ¿Conocemos y actualizamos nuestro propósito?
Reencantar el mundo. ¿Cuánta intimidad tenemos con la tierra?
Danzar con lo sutil. ¿Dialogamos con los mundos invisibles?
Ser el cambio. ¿Abrazamos los arquetipos de transformación? 
Integrar las polaridades. ¿Cómo cultivar el matrimonio sagrado? 
Crear un espacio colectivo. ¿Cómo puedo crecer en mis vínculos? 
Aprender a pertenecer. ¿Cuál es mi lugar en la tribu?Animarse a liderar. ¿Cómo quiero que sea mi reino?
Encarnar al héroe interior. ¿Qué dones elijo nutrir, amplificar, desplegar?  

La modalidad será: encuentros mensuales, con opción a día de semana o domingo. La idea es que sea una experiencia profunda y movilizante, pero a la vez disfrutable.  Se pueden tomar encuentros sueltos.

Por dudas o para anotarse: info@fabianafondevila.com / 156 812-4444. 
Lanzamos en abril, los esperamos!

El llamado del otoño

Miriam Pösz

“Ya está, no hay nada que hacer, llegó el otoño”, dice mi hija, con cara de fatalidad. Hace rato que las señales están, aunque el termómetro simule un verano eterno: hojas que se sueltan de las ramas y flotan hacia el suelo, como ideas sueltas que nadie recogerá. Noches que erizan la piel. El casi imperceptible declinar de la luz.
Hay quienes aman el frío y sus rituales. Hay quienes celebran el cambio; el repentino quiebre en la monotonía. Pero casi nadie escapa a una faceta de la estación que comienza: el otoño tiene aroma a crepúsculo, a declive, a merma, a ocaso. No hace falta ser un alma melancólica para sentirlo. El repliegue de la savia hacia la tierra, la clorofila que retrocede, dando lugar al amarillo de los arces y los fresnos, al carmín y el púrpura de los robles y los liquidámbar. La paleta del otoño, que se refleja en el paisaje, en las frutas y hortalizas, y también en nuestro ánimo.
Mientras el mundo es verde, es fácil sentir que la pujanza es ley, que todo impulso tiende a su máxima expresión. Como el pasto y los yuyos, en el verano nuestras energías ascienden y eclosionan en dirección al sol. Pero cuando la luz y el verde se retiran, de pronto recordamos: no éramos eternos, invencibles, todopoderosos. El brillo de la vivacidad era prestado.
Según la medicina china, el otoño es la estación del duelo. La energía se centra en los pulmones y puede traer tos, congestión, lágrimas. También del intestino grueso, que es órgano de filtrado (ayuda a discriminar y dejar ir lo que no nos sirve). No es casual que, en inglés, el nombre de esta estación sea fall (caída). Para quienes tengan pérdidas recientes, o lleven en el corazón heridas grandes, es posible que las penas se reactiven por estos días, como se hacen sentir los huesos en días de humedad.
Pero aún sin que medien duelos personales, la tristeza nunca está del todo lejos de quien está prestando atención. La lenta agonía del planeta, y nuestra indolencia para frenarla. La verdad esencial de que cada vínculo, cada logro, cada nuevo comienzo, trae en su seno la semilla de su declinación. En tiempos de luz, es fácil olvidarlo. “Perdemos tanta energía tratando de encubrir lo que somos, cuando detrás de cada actitud está el deseo de ser amados, detrás de cada enojo hay una herida que busca ser sanada, y debajo de cada tristeza está el temor de que no alcance el tiempo”, dice el autor y poeta Mark Nepo.
El otoño no nos llama a regodearnos en la pena, sino a escuchar la invitación de la tristeza: soltar, para rejuvenecernos. ¿Soltar qué? Lo que nos sobra, lo que nos queda chico, lo que ya no vive, lo que nos pesa. Podemos hacerlo sin miedo, a sabiendas de que lo que realmente importa vivirá de todos modos, por mucho que lo soltemos. “El verdadero adulto humano entrega todo por aquello que no puede perderse”, declara otra poeta, Jennifer Welwood. Paradójicamente, el acto de soltar, de dejar de resistirnos a lo inevitable, nos da fuerza para librar las batallas que sí valen la pena: paliar los sufrimientos evitables, combatir los atropellos, cuidar de nuestro prodigioso hogar, y todos sus integrantes.
¿Qué hacer, entonces, con el frío que llega? Sacar las lanas del placard, poner a calentar la pava, abrigarnos con palabras sinceras. Respirar hondo, aflojarnos la ropa, hacer silencio. Y ver qué podemos entregar a la tierra hoy, junto con las hojas secas. Quizás sea la inercia, la inacción, las ganas de mirar para otro lado. Quizás sea un cúmulo de penas reprimidas. Quizás la misma tristeza que riega la tierra, la ayude a renacer.

Fabiana Fondevila