Hoy, cuando no podía hacer nada

Miriam Pösz

Hoy, cuando no podía hacer nada,
salvé a una hormiga.

Debe haber entrado con el diario de la mañana,
que todavía entregan
a aquellos que estamos guardados.

El diario de la mañana es un servicio esencial.

Yo no soy un servicio esencial.

Tengo café y libros,
y tiempo,
un jardín,
suficiente silencio para llenar cisternas.

Debe haber caminado primero
a través del diario de la mañana, como tinta en movimiento,
que toma la forma de una hormiga.

Después cruzó la computadora –caliente-
después la espalda de un almohadón.

Pequeña hormiga negra, sola,
caminando por el almohadón azul oscuro
moviéndose sin pausa, porque eso es lo que podía hacer.

Entregada afuera, en el sol,
no puede haber encontrado de nuevo su nido.
¿Qué es lo que salvé, entonces?

No se movió como si estuviera asustada,
aun caminando sobre mi mano,
que se movía a través del aire y la velocidad.

Hormiga, sola, sin compañeros,
cuyo corazón de hormiga no puedo adivinar—
¿cómo es tu vida, quería preguntar?

La levanté, la llevé afuera.

En este primer día en el que no podía hacer nada,
contribuir nada,
más allá de mantenerme alejada de mi especie,
hice esto.

Jane Hirschfield

Traducción: Fabiana Fondevila

Miramos con incertidumbre

Miriam Pösz

Miramos con incertidumbre
más allá de las viejas elecciones
y respuestas claras,
hacia un estado vital más suave,
más permeable, que está, a cada momento,
al borde de la muerte.
Porque algo nuevo está naciendo
en nosotros, si lo permitimos.
Estamos parados frente
a un nuevo umbral,
esperando lo que viene…
animándonos a ser criaturas humanas,
vulnerables a la belleza
de la existencia,
Aprendiendo a amar.

Anne Hillman

Traducción: Fabiana Fondevila

Un silencio nuevo

Poema de Fabiana Fondevila
Miriam Pösz

Amanece sobre la ciudad
un silencio nuevo.
No es rápido ni es lento:
se mueve al ritmo justo
para despertarnos.

Tiene matices, este silencio.
Tonos de miedo agazapado,
tintes de angustia.
Reminiscencias de silencios
viejos, de quietud de siesta,
de suspiro.
Pero tiene, también,
notas altas de asombro,
zumbidos inéditos,
ecos de posibilidad.

¿Qué será, me pregunto,
de este silencio nuevo?

¿Lo ataremos a la cama?
¿Le pondremos cintas
y banderines?
¿Desplegaremos, a su paso,
una alfombra roja?
¿Le haremos piquetes
y zancadillas?
¿Lo asfaltaremos,
le instalaremos
semáforos?

Nunca antes, este silencio.
Quizás, nunca después.

El espacio en pausa,
doblez en el tiempo,
flotamos entre la
orilla que dejamos,
y la que no tiene
nombre,
todavía.

¿Y qué haré yo, me pregunto,
con este silencio mío?

Fabiana Fondevila

Fabiana Fondevila

La casa de la pertenencia

Esta es la casa brillante
en la que vivimos.
Aquí es donde invitamos
a venir a nuestros amigos.
Aquí es donde queremos amar
todas las cosas que nos costó tanto
aprender a amar.

Este es el templo
de nuestro ser adultos.
Nos debemos a ese Ser
como nos debemos a nuestras vidas

No hay otra casa
como la casa de la pertenencia.

David Whyte
Traducción: Fabiana Fondevila

Con qué contamos

Orsolya Vékony

Comparto esta cita de la autora norteamericana Anne Lamott, dueña de una espiritualidad humilde y terrenal, llena humor, absurdo y humanidad.

“Es gracioso: cuando era chica, siempre imaginé que los adultos tendrían algún tipo de caja interior llena de herramientas brillantes: el serrucho del discernimiento, el martillo de la sabiduría, el papel de lija de la paciencia. Pero cuando crecí me enteré de que la vida te entrega estas herramientas viejas y oxidadas — la amistad, la oración, la consciencia, la honestidad, y te dicen: ‘Hacé lo que puedas con esto, tendrán que alcanzar’. Y curiosamente, contra todo pronóstico, alcanzan”.

¿Cuáles son las herramientas que estás usando hoy? ¿Alcanzan? ¿Qué otras podrías procurarte?