Cae la tarde sobre el sauce de la vereda.
Torrentes de claroscuro tiñen la tela.
Pero es tan suave el trazo,
tan leve el pincel,
que la luz
solo deja estelas
a su paso.
De pronto, se acelera.
Un instante nomás y las copas ya rozan
la cabellera de la noche.
Afuera, bailan los elementos.
Adentro, suspiro,
dividida del universo
por tan simple geometría.
Yo y mis libros, mis letras,
mi torpe letanía.
Yo y mi sueño de hojas,
de estrellas, de luna fría.
Mi rostro en la ventana
se funde con las ramas.
Insólita confluencia,
¿quién lo diría?
La noche y su soledad,
tan cerca de la mía.
Fabiana Fondevila
Foto: Miriam Pösz

Ni arces ni abedules:
(para recordármelo)
No sabrás lo que es la bondad
Llevo tu corazón conmigo (lo llevo en mi corazón).
Si la oración alcanzara,
Una poesía de la gran Mary Oliver que nos aproxima a la muerte para poder vivir la vida despiertos, agradecidos, gozosamente vivos.
Así retrata el alma Wislawa Szymborska, Premio Nobel de Literatura de 1996, y figura inusual en el mundo literario. Carente de pretensiones, sincera hasta el asombro, su respuesta a las preguntas de la prensa suele ser: “No sé”.
No tienes que ser bueno.
Del gran Pablo, una oda a los milagros que se ofrecen, sin distinción y sin medida, a todo aquel que osa mirarlos. Un despertar hecho de palabras, de enamoramiento y de disfrute. Que sus ojos de comunión los acompañen.