Dios mío, te doy gracias por este asombroso día:
por los saltarines espíritus verdes de los árboles
y por el sueño azul del cielo;
y por todo lo que es natural que es infinito que es sí.
(yo que he muerto estoy vivo hoy de nuevo,
éste es el cumpleaños del sol;
es el día en que nace la vida y el amor y las alas;
y del alegre gran suceso ilimitablemente la tierra)
¿cómo podría saboreando tocando oyendo viendo respirando
cualquier humano simple ser — creado desde el no de toda nada-
dudar del Tú inimaginable?
(ahora los oídos de mis oídos despiertan
y ahora los ojos de mis ojos están abiertos)
e.e. cummings

En las primeras horas del día,
“quién eres, pequeño yo (de cinco años o seis) mirando desde una alta ventana: el oro de la tarde de noviembre (pensando: que si el día tiene que hacerse noche ésta es una hermosa manera)”
Todos caemos, alguna vez, en esta confusión: creer que si uno estudia lo suficiente, lee lo suficiente, cultiva las prácticas justas y piensa los pensamientos correctos, podrá desprenderse, algún día, de sus antiguos defectos, sus dudas e inseguridades, su humilde humanidad. Los verdaderos maestros saben que no es así, y lo dicen con todas las letras. El camino de la espiritualidad no lleva a trascenderlo todo; trascenderlo todo, de hecho, se parece un poco a la muerte. No. Llegaremos al final con nuestra humanidad a cuestas. Más dócil quizás, más blanda y menos defendida, más firme allí donde hubo magullones, más habitada y genuinamente nuestra.
Rachel Naomi Remen, oncóloga, autora y pionera del movimiento por la humanización de la medicina, ha tenido incontables oportunidades de explorar el significado de la salud y la enfermedad. Convive con la durísima Enfermedad de Crohn desde que tiene recuerdo, ha sido intervenida quirúrgicamente decenas de veces, y en el camino ha superado uno tras otro desafío. Cómo médica, empezó -como todos- intentando amoldarse a lo que se esperaba de ella: eficiencia, profesionalismo, distancia emocional. Pero su sensibilidad fue más fuerte, y pronto se dio cuenta de que esta actitud no le servía a sus pacientes, y menos aún a ella misma. Se sentía cada vez más divorciada de su tarea, más lejos de poder ayudar verdaderamente a las personas que acudían a ella.
Hola, sol en mi cara.
“Ven, ven, quienquiera que seas:
El libro “Cantos de los Pieles Rojas”, de José J. de Olañeta, recoge rezos y versos de diversos pueblos originarios de América del Norte. Los muchos cantos inspirados en los sueños dan cuenta de que el mundo onírico tenía para ellos un peso que en las sociedades modernas ha perdido. En las imágenes nocturnas ellos veían símbolos, presagios, revelaciones y profesías. También gracia, belleza y poesía. Comparto hoy una estrofa del pueblo Wintu, que habita aun hoy el valle de Sacramento, en el norte de California.
“Nuestro verdadero hogar es el momento presente.
Los veo parados en los portones formales de sus universidades