Una emoción que transforma

Miriam Pösz

En el segundo que te lleva leer esta frase, y a mí escribirla, 1.5 millones de litros de agua se derraman estrepitosamente en las Cataratas de Iguazú. En el espacio estalla en gases de colores una Supernova. En el Ártico atraviesa el cielo una Aurora borealis. En miles de esquinas, se dibujan arco iris. En incontables ramas de incontables árboles, cientos de horneros dan la última pincelada de barro a sus nidos. En el mismo segundo, nacen cuatro bebés en el planeta y muere una persona. Mientras tanto, el planeta gira sin prisa y sin pausa en torno de una bola de fuego incandescente que nació hace 4.603 billones de años y morirá en unos cinco billones más.

Puede que el leer esta sucesión de hechos te provoque -como a mí, el escribirlos- cierta emoción; algo así como una sensación de abismo y sorpresa y maravilla y pavor, todo al mismo tiempo. Esa compleja y adrenalínica emoción se llama asombro, y hoy la ciencia confirma lo que los sabios han dicho de ella desde el comienzo: es la más fecunda y transformadora de nuestras vivencias, porque nos pone en contacto directo con el misterio de la existencia.

¿Qué es el asombro, en pocas palabras? Es la respuesta emocional a un estímulo físico o conceptual tan extraordinario que desafía nuestra comprensión del mundo y de la vida. Los fenómenos que nos producen asombro nos dejan boquiabiertos, la respiración suspendida en la inhalación, como si quisiésemos hacer lugar para algo que no cabe. El tiempo, también se detiene. Frente a ese cielo estrellado, a esa nube de tormenta de la altura del Aconcagua, a ese mar que no tiene tamaño, no logramos pensar ni por un momento en lo que tenemos que hacer al día siguiente, lo que quedó sin hacer ayer, lo que vendrá algún día. Todo es puro presente, y el placer de habitarlo sin distracciones.

¿Cuáles son las características del asombro, que hacen de esta emoción una experiencia tan especial? En su presencia nos sentimos pequeños, infinitesimales. Pero, curiosamente, a la vez enormes, infinitos, porque algo en nosotros reconoce nuestra pertenencia a eso maravilloso que estamos viendo.

Investigadores del Greater Good Science Center, de la Universidad de Berkeley, en California, descubrieron que, tras experimentar unos momentos de asombro, las personas se muestran más satisfechas con sus vidas, más generosas y proclives a ayudar, y más en paz con el tiempo del que disponen. A la vez, como explica la psicóloga Lani Shiota, a diferencia de otras emociones positivas (como el orgullo y el entusiasmo), que producen efectos benévolos en el organismo pero también una cierta distorsión cognitiva, el asombro relaja el organismo sin nublar ni un poquito la mente.

¿Qué nos produce asombro? Los fenómenos de la naturaleza (por bellos, magníficos o misteriosos), las capacidades extraordinarias de la mente o del cuerpo humano, ciertas piezas musicales, ciertas obras de arte, el registro de la infinitud en la que habitamos, los actos heroicos (de gran bondad, coraje o resiliencia), todo lo que es vasto e imponente, y que nos recuerda -en algún sentido- nuestro verdadero tamaño.

Pero fuera del asombro que nos suscita lo vasto –a veces, con un dejo de temor reverencial-, es posible también sentir asombro por lo pequeño y cotidiano, si solo lo miramos con una actitud especial: el corazón abierto, los ojos frescos, la decisión de borrarnos las telarañas de la costumbre y volver a ver, como por vez primera. “Si estás aburrido, no estás prestando atención”, dijo Fritz Perls, creador de la terapia gestáltica.

Si dejamos de correr por un momento (con los tiempos que la vida actual nos impone), y miramos a nuestro alrededor, percibiremos rápidamente que estamos rodeados de maravillas, y que cada una de ellas –la forma en que entra el sol por la ventana, la temperatura y el aroma del café que tomamos, la mesa de madera que trae la naturaleza puertas adentro, los ojos de quien nos mira- son únicos e irrepetibles, y motivos de celebración. Así es que aparece una nueva emoción, tan vinculada al asombro que parece una prima hermana: la gratitud. Si todo es milagroso, como propuso Einstein, todo merece ser mirado con el corazón abierto y receptivo a esa condición.

De los muchos caminos para llegar a esa vivencia trata mi libro, Donde vive el asombro. Pero confío en que cada uno sabrá encontrar el propio. El asombro está tan cerca como la decisión de abrir los ojos, respirar hondo y dejarnos atravesar por la vida. En este instante, donde sea que estemos, por el puro deseo de despertar.

Fabiana Fondevila

Quienes quieran explorar esta emoción con un grupo de almas afines, pueden sumarse al taller Viaje al asombro, que comienzan a mediados de junio. Todos bienvenidos!

Naturaleza Salvaje Vitalidad

Reencantar el mundo

“La naturaleza no es un lugar a visitar; es nuestro hogar”. Esto dijo el poeta naturalista y activista Gary Snyder. Cabe preguntarse: ¿cómo vuelvo a ese hogar, si vivo en medio de la ciudad y el verde más cercano es la plaza con bancos de cemento a diez cuadras de mi casa? ¿Cómo vuelvo a ese hogar si apenas avisto el mar o las montañas una vez al año, en mis vacaciones? ¿Cómo vuelvo a ese hogar si mis obligaciones me tienen corriendo de un lado para otro, y ni atisbo a mirar el cielo?

En este taller de cuatro encuentros, veremos: cómo encontrarnos con la naturaleza que está, ahí, todo el tiempo, donde estamos nosotros; cómo interactuar con ella, entendiéndola. como el teólogo Thomas Berry, como un sujeto, y no una colección de objetos; cómo despertar a la vitalidad que aguarda en nuestro olvidado yo salvaje, y en el reencuentro con la materia.

Cuatro encuentros, cuatro opciones de días y horarios:

Martes, a las 18.30, en Las Cañitas / Miércoles, a las 10, en Don Torcuato / Viernes, a las 16, en Florida / Sábados, a las 16, en Belgrano.

Retribución por el curso: $ 2000 / Inscripción: info@fabianafondevila.com

No vinimos al mundo para tolerarlo, o para trascenderlo, sino para amarlo. ¿Por qué no empezar hoy?

El héroe interior

El héroe interior

¿Qué potencias aguardan ser descubiertas?

Cualquier cosa o cualquier persona / que no te haga sentir vivo // te queda chica.
David Whyte

Cada ser humano es una expresión única del desbordante genio creativo de la vida. Los problemas urgentes que atraviesa el planeta, y con él, la raza humana, requieren que esa expresión única se plasme, hoy, para provecho de todos. Pero a la vez, es solo cuando exploramos nuestros dones y los compartimos con el mundo que estos alcanzan su máxima pujanza.

“No logras el poder de tu visión hasta que lo despliegas en el mundo ante los otros”, dijo el líder Sioux Black Elk. En esa entrega se revela, misteriosamente, que había en nosotros una visión, y que esa visión pedía plasmarse en acciones concretas y cotidianas, que a la larga dan forma a una misión. A esa antigua alquimia nos abocaremos.

Síntesis del programa:

Ampliar las fronteras del yo. ¿Quiénes somos, en verdad?
Resignificar la vocación. ¿Conocemos y actualizamos nuestro propósito?
Reencantar el mundo. ¿Cuánta intimidad tenemos con la tierra?
Habitar lo invisible. ¿Qué mundos nos habitan?
Descubrir el propio mito. ¿Qué historia estamos contando?
Ser el cambio. ¿Cuáles son los arquetipos de la transformación?
Aprender a pertenecer. ¿Cuál es mi lugar en la tribu?
Animarse a liderar. ¿Cómo quiero que sea mi reino?
Encarnar al héroe interior. ¿Qué dones elijo nutrir, amplificar, desplegar?

Modalidad: duración anual (de marzo a diciembre), cursada semanal.

Opciones de días, horas y locaciones:

Martes, de 18.30 a 20.30, en Palermo.
Miércoles, de 10 a 12, Don Torcuato.
Viernes, de 16 a 18, en Florida.
Sábados, de 16 a 19, en Belgrano.

Es posible sumarse con el curso iniciado!

Retribución: $ 2200 por módulo/mes.

Informes e inscripción: info@fabianafondevila.com
Por favor, especificar por qué taller se consulta.

Gracias!