Mi trabajo es amar al mundo,
Aquí los girasoles, ahí el colibrí –
ambos buscadores de dulzura.
Aquí la levadura que fermenta, allí las ciruelas azules,
Aquí la almeja en la arena moteada.
¿Son viejas mis botas? ¿Es andrajoso mi tapado?
¿Ya no soy joven, y aún ni medianamente perfecta?
Déjame concentrarme en lo que cuenta,
que es mi trabajo,
que es, más que nada, quedarme quieta y aprender a
sentir el asombro.
El laurel, la azucena,
Las ovejas en el campo, y el campo.
Que es más que nada celebrar, ya que todos los ingredientes están,
que es la gratitud, por ser dada una mente y un corazón
y estas ropas-cuerpo,
una boca con la que dar gritos de júbilo
a la polilla y al gorrión, a la almeja adormecida,
diciéndoles, una y otra vez, cómo es
que vivimos para siempre.
Mary Oliver
(1935-2019)

“Solo tengo que acordarme de respirar, quedarme quieta un momento para que algo en mí se acomode, se suavice, dé lugar a la imperfección. La dura voz del juicio se vuelve un susurro y recuerdo que la vida no es una carrera de postas, que todos llegaremos a la línea de llegada, que despertar a la vida es la razón por la que nací. Todas las veces que me olvido, todas las veces que me encuentro corriendo como una loca sin saber a dónde voy, tengo siempre la opción de parar, respirar, ser, y caminar de nuevo, lentamente, hacia el misterio.”
Las colinas ascendentes, las cumbres de las estadísticas yacen delante nuestro. El ascenso abrupto de todo, que sube mientras nosotros bajamos.
“Más allá de las ideas del bien y el mal, hay un valle.
“Diez mil flores en la primavera,
Cuando el temor por el mundo crece en mi
“Y la alegría está en todas partes;
Y recordé una vez más
El Amado está dentro de ti, y dentro de mí.