El arte del amor universal - Fabiana Fondevila

El arte del amor universal

Sharon Salzberg es una practicante de meditación budista de toda la vida, y su trabajo colaboró en gran medida en la introducción de prácticas budistas a Occidente. A través de libros como A Heart as Wide as the World (Un corazón tan amplio como el mundo) y Loving-Kindness. The Revoutionary Art of Happiness (Amor universal benevolente. El arte revolucionario de la felicidad), enseña que prácticas sencillas como la meditación metta -término en idioma Pali que se tradujo al inglés como lovingkindness, y al castellano como amor universal desinteresado o amor benevolente- pueden ayudarnos a conquistar nuestros miedos, abrir nuestros corazones y hacer del mundo un lugar mejor.

La meditación metta consiste en evocar sentimientos de amor y bienestar en nuestro corazón, primero dirigiéndolos hacia uno mismo, luego hacia nuestros seres queridos más cercanos, luego hacia maestros, después hacia extraños, y finalmente hacia personas que nos resultan difíciles de amar, expandiendo de este modo el círculo hasta que no haya nadie a quien no podamos incluir. En el fragmento que sigue, tomado de su libro Loving-Kindness, Salzberg explica de qué modo el metta es un reflejo de aquello que es más puro y esencial en nosotros, y por qué nada es capaz de tocar ni de alterar ese centro primigenio.

“Podemos entender la luz innata y la pureza de nuestra mente al comprender el metta. Como la mente, el metta no se ve distorsionado por aquello con lo que se encuentra. El enojo en nuestro interior o dentro de otros puede ser recibido con amor; el amor no se arruina con el enojo. El metta es su propio soporte, y por lo tanto es libre de condiciones inestables. La mente amorosa puede observar la alegría y la paz en un momento, y la pena en otro, y no se resquebrajará por el cambio. Una mente llena de amor puede parecerse a un cielo cruzado por una variedad de nubes -algunas claras y livianas, otras ominosas y amenazantes. No importa cuál sea la situación, el cielo no se verá afectado por las nubes. Es libre.

El Buda enseñó que las fuerzas de la mente que traen sufrimiento pueden superar momentáneamente a las fuerzas positivas como el amor y la sabiduría, pero nunca destruirlas. Las fuerzas negativas nunca pueden desterrar las positivas, mientras que las fuerzas positivas sí pueden desterrar a las fuerzas negativas. El amor puede desterrar al miedo, el enojo o la culpa, porque tiene un poder mayor.”

(…)

“La práctica del metta, que descubre la fuerza del amor capaz de desterrar al miedo, el enojo y la culpa, comienza con el proceso de hacernos amigos de nosotros mismos. Los fundamentos de la práctica del metta están en la capacidad de hacerse amigo de uno mismo. Según el Buda: ‘Uno puede buscar a través de todo el universo a alguien más merecedor de su afecto y amor que uno mismo, y nunca hallará a esa persona. Uno mismo, tanto como cualquier persona en el universo, merece afecto y amor.’ ¡Cuán pocos de nosotros nos aceptamos de esta manera! Con la práctica del metta descubrimos la posibilidad de respetarnos verdaderamente. Descubrimos, como lo dijo (el poeta) Walt Whitman: ‘Soy más grande y mejor de lo que pensaba. No creí tener tanta bondad en mi interior’.”

Cuando sólo cabe ser testigos - Fabiana Fondevila

Cuando sólo cabe ser testigos

Rachel Naomi Remen es oncóloga, pionera en el campo de la medicina mente-cuerpo, y fundadora del Commonweal Cancer Help Program en California. Es, además, una narradora talentosa y la autora de dos libros profundamente personales: Kitchen Table Wisdom (Sabiduría alrededor de la mesa de la cocina) y My Grandfather’s Blessings (Las bendiciones de mi abuelo). Los dos hablan de la diferencia entre curar y sanar, de la fortaleza que reside en la vulnerabilidad y de los mundos que se nos abren cuando nos animamos a ofrecer nuestros corazones a todo lo que experimentamos.

El fragmento que sigue, tomado del capítulo “Ser testigos”, de My Grandfather’s Blessings, habla de los límites de nuestra comprensión y de nuestro accionar, y, al mismo tiempo de nuestra capacidad infinita para extender amor y compasión.

“Una psicóloga con la que trabajo me contó esta historia. En los años ochenta, cuando ella vivía y trabajaba en Nueva York, decidió asistir a un taller profesional de dos días que consistía en la proyección de unos veinte filmes cortos de una de las últimas discípulas de Carl Jung, la gran analista de sueños Marie-Louise von Franz. Entre las proyecciones, un distinguido panel compuesto por los directores de dos importantes centros de formación junguianos, y el propio nieto de Carl Jung, respondían a preguntas escritas por el público, enviadas al escenario en tarjetas.

Una de esas tarjetas contaba la historia de un sueño horripilante, en el que el soñante era degradado y robado de su dignidad en manos de los Nazis. Un miembro del panel leyó el sueño en voz alta. Mientras escuchaba la lectura, mi colega empezó a formular en su cabeza su interpretación del sueño, anticipándose a la reacción del panel. Realmente no tenía mucho secreto, pensó, mientras elucubraba interpretaciones simbólicas de las torturas y las vejaciones narradas en el sueño. Pero esta no fue en absoluto la respuesta del panel. Cuando terminó la lectura, el nieto de Jung miró a la vasta concurrencia. “Por favor, ¿podrían ponerse de pie?”, preguntó. “Nos pararemos juntos en un momento de silencio en respuesta a este sueño.” El público se paró por un minuto.

Mi colega aguardaba impacientemente la discusión que sin duda seguiría. Pero cuando volvieron a sentarse, el panel pasó a la próxima pregunta. Mi colega no entendió en absoluto qué había ocurrido, y días más tarde le preguntó a uno de sus maestros, también analista junguiano, sus impresiones del hecho. “Ah, Lois”, dijo el hombre, “hay en la vida sufrimientos tan indecibles, vulnerabilidades tan extremas que van más allá de las palabras, más allá de las explicaciones y hasta más allá de la curación. En la cara de esta clase de sufrimiento, todo lo que podemos hacer es ser testigos, para que nadie tenga que sufrir solo.”

Quizás la voluntad de enfrentar esta vulnerabilidad compartida nos otorgue la capacidad de reparar el mundo. Es posible que aquellos que encuentren el coraje de compartir su humanidad sean capaces de bendecir a cualquiera, en cualquier parte.”

Fabiana Fondevila - La felicidad es una elección

La felicidad es una elección

Lo han apodado “el hombre más feliz del mundo”, y los que lo conocen dicen que su tranquilidad y alegría son contagiosos. Matthieu Ricard es bioquímico por profesión, pero ha vivido los últimos 35 años como un monje budista en un monasterio recluido en las montañas de Nepal. Es un participante activo en las investigaciones actuales sobre los efectos de la meditación en el cerebro, viaja por el mundo como el traductor oficial del Dalai Lama, y dedica su tiempo libre a colaborar con distintos proyectos humanitarios en el Tibet y Nepal. Ha escrito varios libros fascinantes, incluyendo uno en co-autoría con su padre, el filósofo francés Jean-Francois Revel (El monje y el filósofo). Este fragmento es de su libro Happiness. A Guide to Developing Life’s Most Important Skill (La Felicidad. Una guía para desarrollar la habilidad más importante de la vida)

“Cualquiera que disfruta de paz interior no sucumbe ante el fracaso ni se infla con el éxito. Puede vivir sus experiencias a fondo en el contexto de una vasta y profunda serenidad, ya que entiende que las experiencias son efímeras y que es inútil aferrarnos a ellas. No habrá una caída abrupta cuando las cosas vayan mal y se enfrente a la adversidad. No se hundirá en la depresión, ya que su felicidad se apoya en cimientos sólidos. Un año antes de su muerte en Auschwitz, la notable Etty Hillesum, una joven holandesa, dijo: ‘Cuando tienes una vida interior, no importa de qué lado del muro de la prisión te encuentras… He muerto mil veces en mil campos de concentración. Lo sé todo. No hay información nueva que me acongoje. De una forma u otra, ya lo sé todo. Y, sin embargo, encuentro esta vida hermosa y llena de sentido. En todo momento.’

Una vez, en un encuentro abierto en Hong Kong, un hombre joven se levantó entre el público y me preguntó: ‘¿Puede darme una razón para seguir viviendo?’ Este libro es mi humilde respuesta a esa pregunta, porque la felicidad es, sobre todo, el amor a la vida. Haber perdido toda razón para vivir es haberse abierto a un abismo de sufrimiento. Por más influyentes que puedan ser las condiciones exteriores, el sufrimiento, como el bienestar, es esencialmente un estado interior. Comprender esto es el pre-requisito clave para una vida que valga la pena. ¿Qué condiciones nos escatiman la alegría de vivir, y cuáles la alimentan?

Cambiar la manera que vemos el mundo no implica un optimismo ingenuo o una euforia artificial diseñada para contrabalancear la adversidad. Mientras seamos esclavos de la insatisfacción y la frustración que emergen de la confusión de nuestras mentes, será tan inútil decirnos a nosotros mismos: ‘Soy feliz! Soy feliz!’ una y otra vez, como si pintáramos una pared en ruinas. La búsqueda de la felicidad no se trata de mirar a través de cristales rosados ni de cegarse al dolor y a las imperfecciones del mundo. La felicidad tampoco es un estado de exaltación a perpetuar a toda cosa; es la depuración de las toxinas mentales, como el odio y la obsesión, que literalmente envenenan a la mente. También es aprender a poner las cosas en perspectiva y reducir la brecha entre las apariencias y la realidad. Para ese fin, debemos conseguir entender mejor cómo funciona la mente y lograr una visión más clara de la naturaleza de las cosas, ya que, en el sentido más profundo, el sufrimiento proviene de malentender la naturaleza de la realidad.”

No se pierdan su excelente charla TED, vale la pena conocerlo en persona.