Charla gratuita: Las leyes del cambio profundo

En anticipo del curso anual “Ser el cambio”, que comienza en marzo, te invito este miércoles, a las 19, a una charla-taller online gratuita, donde exploraremos las ideas principales del curso: ¿qué es el cambio? ¿qué hay detrás de una transformación personal profunda?

Algunos de los temas que cubriremos:

  • Qué es el cambio a nivel identitario.
  • En qué consiste la biología de la creencia.
  • Cuál es el porcentaje de auto-control que tenemos sobre nuestro nivel de plenitud y bienestar, según las investigaciones más serias sobre la felicidad.
  • Cuál es el mejor camino para encontrarnos con nuestro deseo profundo.
  • Cuáles son las actitudes, emociones y valores que más contribuyen a nuestra evolución

Si no podés estar en vivo, podés anotarte igual y recibirás después la filmación. Pero si podés participar en tiempo real, tendrás la oportunidad de hacer preguntas, comentar experiencias personales, y compartir con los demás participantes. ¿Cómo? Es muy fácil!

Solo dejá tu nombre completo y tu mail en el formulario de abajo, y recibirás un link para sumarte a la reunión. El link solo funciona el día y hora del encuentro (miércoles 26, a las 19), así que no intentes entrar antes.

Ojalá que puedas sumarte, y tengamos oportunidad de conocernos, o reencontrarnos!

Que el 2020 no sea otro año de procastinaciones y conductas repetidas: crealo con lo mejor que tenés: tu creatividad, tu deseo y tu sentido de la libertad.

Nos vemos el miércoles, para hablar de uno de los temas más apasionantes: cómo convertirte en la persona que querés y sabés que podés ser.

Te espero!

INSCRIBITE! Prestá atención al mensaje que recibirás, allí estará el link para sumarte a la charla. EL LINK ESTARÁ ACTIVO EL DÍA Y HORARIO DE LA CHARLA: Miércoles 26/02 a las 19 hs.

El llamado del otoño

Miriam Pösz

“Ya está, no hay nada que hacer, llegó el otoño”, dice mi hija, con cara de fatalidad. Hace rato que las señales están, aunque el termómetro simule un verano eterno: hojas que se sueltan de las ramas y flotan hacia el suelo, como ideas sueltas que nadie recogerá. Noches que erizan la piel. El casi imperceptible declinar de la luz.
Hay quienes aman el frío y sus rituales. Hay quienes celebran el cambio; el repentino quiebre en la monotonía. Pero casi nadie escapa a una faceta de la estación que comienza: el otoño tiene aroma a crepúsculo, a declive, a merma, a ocaso. No hace falta ser un alma melancólica para sentirlo. El repliegue de la savia hacia la tierra, la clorofila que retrocede, dando lugar al amarillo de los arces y los fresnos, al carmín y el púrpura de los robles y los liquidámbar. La paleta del otoño, que se refleja en el paisaje, en las frutas y hortalizas, y también en nuestro ánimo.
Mientras el mundo es verde, es fácil sentir que la pujanza es ley, que todo impulso tiende a su máxima expresión. Como el pasto y los yuyos, en el verano nuestras energías ascienden y eclosionan en dirección al sol. Pero cuando la luz y el verde se retiran, de pronto recordamos: no éramos eternos, invencibles, todopoderosos. El brillo de la vivacidad era prestado.
Según la medicina china, el otoño es la estación del duelo. La energía se centra en los pulmones y puede traer tos, congestión, lágrimas. También del intestino grueso, que es órgano de filtrado (ayuda a discriminar y dejar ir lo que no nos sirve). No es casual que, en inglés, el nombre de esta estación sea fall (caída). Para quienes tengan pérdidas recientes, o lleven en el corazón heridas grandes, es posible que las penas se reactiven por estos días, como se hacen sentir los huesos en días de humedad.
Pero aún sin que medien duelos personales, la tristeza nunca está del todo lejos de quien está prestando atención. La lenta agonía del planeta, y nuestra indolencia para frenarla. La verdad esencial de que cada vínculo, cada logro, cada nuevo comienzo, trae en su seno la semilla de su declinación. En tiempos de luz, es fácil olvidarlo. “Perdemos tanta energía tratando de encubrir lo que somos, cuando detrás de cada actitud está el deseo de ser amados, detrás de cada enojo hay una herida que busca ser sanada, y debajo de cada tristeza está el temor de que no alcance el tiempo”, dice el autor y poeta Mark Nepo.
El otoño no nos llama a regodearnos en la pena, sino a escuchar la invitación de la tristeza: soltar, para rejuvenecernos. ¿Soltar qué? Lo que nos sobra, lo que nos queda chico, lo que ya no vive, lo que nos pesa. Podemos hacerlo sin miedo, a sabiendas de que lo que realmente importa vivirá de todos modos, por mucho que lo soltemos. “El verdadero adulto humano entrega todo por aquello que no puede perderse”, declara otra poeta, Jennifer Welwood. Paradójicamente, el acto de soltar, de dejar de resistirnos a lo inevitable, nos da fuerza para librar las batallas que sí valen la pena: paliar los sufrimientos evitables, combatir los atropellos, cuidar de nuestro prodigioso hogar, y todos sus integrantes.
¿Qué hacer, entonces, con el frío que llega? Sacar las lanas del placard, poner a calentar la pava, abrigarnos con palabras sinceras. Respirar hondo, aflojarnos la ropa, hacer silencio. Y ver qué podemos entregar a la tierra hoy, junto con las hojas secas. Quizás sea la inercia, la inacción, las ganas de mirar para otro lado. Quizás sea un cúmulo de penas reprimidas. Quizás la misma tristeza que riega la tierra, la ayude a renacer.

Fabiana Fondevila